Libros / 27 de Diciembre de 2012

libro

Un deporte especial

“Cuentos de tenis”, de Bioy Casares, Somerset Maugham, Guillermo Martínez, John Updike y otros. Alfaguara, 231 págs. $ 119.

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Las antologías de cuentos relacionados con deportes son resbaladizas. Rara vez satisfacen al “hincha” o fanático respectivo. Y muchas veces incluyen demasiados textos que van de regular para abajo. Las más transitadas (lo menciona Liliana Heker en el prólogo a este volumen sobre el tenis) han sido las de fútbol y boxeo. Seguramente en los Estados Unidos las habrá abundantes sobre el béisbol. En una charla ociosa de bar se pueden imaginar cuentos ideales sobre cada deporte. En el tenis, no encontré aquí mi propio favorito: “Filimor forrado de niño”, de Witold Gombrowicz. Pero la selección se aparta con energía del abismo de los textos mediocres.

Hay varias sorpresas. Por ejemplo, el cuento de Somerset Maugham, “Las cosas de la vida”, tiene un marco de conversación que incluye el relato, y funciona como una parábola eficaz: una sonrisa torcida aparece tanto en los integrantes de una mesa de club como en el lector ante la moraleja que invierte el deseo moralista de un tío viejo. “El encuentro de tenis”, de Paul Theroux, muestra una contundencia semejante para manejar una tensión étnica en un grupo de sajones ante un “maldito japonés” intruso. El sesgo de “El drive fantasma” de William T. Tilden (famoso tenista) justifica el adjetivo del título: es una divertida “ghost story” inglesa, con ida y vuelta al cielo de propina. Breve y tenso, “Una partida de tenis” de Daniel Moyano traza una pesadilla familiar circular con pulso latinoamericano. Guillermo Martínez sigue los avatares de un grupo familiar exento del desgaste del tiempo en “La felicidad repulsiva de la familia M”.

Algunos relatos se pierden un poco en lo que narran: “Hacia la separación” de John Updike (demasiado centrado en la familia), o “Peloteo”, de A. A. Milne, sobrecargado de términos técnicos, o “El don supremo”, de Bioy Casares, que alambica en exceso una historia de levante y venganza. “El tenis de los viernes”, de Fabio Morábito, tiene un tono “cool”, demasiado canchero. Los inclasificables son anglosajones: “Raquetas y riquezas en Wimbledon” de J. P. Donleavy, casi poético en su uso de las palabras, y el extenso y laberíntico “Año de glad”, de David Foster Wallace, comienzo de su famosa novela “La broma infinita”.

 

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