Arte / 1 de Febrero de 2013

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El más popular

En otro aniversario del Gauchito Gil, su presencia es también permanente en los trabajos de los artistas contemporáneos.

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Parte del santoral popular, la figura del Gauchito Gil es una constante no sólo en santuarios y rutas argentinas, sino también en la obra de artistas contemporáneos. Son varias las versiones de su vida y muerte, pero cierto es su posterior ascenso al parnaso pagano, tal como se verificó días pasados en un nuevo aniversario de su ajusticiamiento el 8 de enero de 1878 en Mercedes, provincia de Corrientes. Nacido cerca de 1847 como Antonio Mamerto Gil Nuñez, en la zona de Pay Ubre, se cuenta que antes de morir decapitado (quizá, desertor y ladrón de ganado) dijo que si su sangre llegaba a Dios “iba a volver en favores para su pueblo”. Su primer admirador fue su verdugo, a quien antes de morir avisó que su hijo estaba enfermo y que lo sanaría si intercedía ante él; así fue. Sus devotos ruegan favores, que devuelven exaltándolo; la Iglesia Católica se acomoda, y acompaña este sincretismo. ¿Será porque la sociedad, los artistas, perciben que las instituciones políticas, sociales y religiosas flaquean, que se afirman otras devociones?
Como ya imaginó el fotógrafo Marcos López y retrató Martín Weber, publicó en un libro de fotos y textos Sebastián Hacher Rivera y anticipó el curador Julio Sánchez en 2004, en la muestra “Altares populares: el Gauchito Gil” en la galería porteña Tono rojo, muchos artistas se sienten atraídos incluso místicamente por el milagroso Gauchito.

“La escena del arte actual contiene la impronta de muchos artistas que refieren a temas identificables dentro del híbrido complejo que denominamos ‘religioso’. Diversas son sus aproximaciones”, señaló el curador Juan Batalla, al inaugurar su exhibición “Barro del Paraíso” en Fundación OSDE (2011). Atravesadas por lo insospechado, se desplegaron imágenes de mitos y santos surgidos al margen de lo establecido, como el culto a San La Muerte, presentado en fotos de Guillermo Srodek-Hart, el mismo autor de una serie dedicada al Gauchito, como la foto publicada aquí de la entrada al santuario. La presencia del Gauchito Gil, entonces, se verificó a través de un documental de Lía Dansker, en pinturas de Charlie Goz y de Tranqui Yanqui, un oratorio constructivista y cartonero de Dany Barreto.

“El Gauchito tiene todo lo que nos gusta: justicia social, magia, auto-construcción, fiesta… La fe es algo incuestionable y desborda por mucho la religión y la mística. (…) El milagro del Gauchito Gil no fue adivinar la enfermedad del hijo del comisario que estaba a punto de matarlo, ni siquiera salvarlo a posteriori o conceder deseos a los fieles que lo visitan cada 8 de enero en Mercedes. El milagro de Antonio Gil fue convertirse en el Gauchito: un santo a nuestra imagen, tan imperfecto como humano”, sintetizan los integrantes de Sub (cooperativa de fotógrafos). “Es un santo pagano que queda mejor en la piel que en estampita”, como lo muestra la imagen -tomada por Sub- del feligrés en un “rezo un tanto dramático y profundo”, en el santuario del Gauchito en Florencio Varela.

 

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