Mundo / 1 de febrero de 2013

Un dios caído

La traición de Al Gore

Contradicciones del premio Nobel de la Paz que combatió el calentamiento global y multiplicó su fortuna. La polémica venta de su canal de televisión a los árabes.

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Pese a las vacaciones de principio de año, un importante revuelo está causando la reciente conducta de Al Gore, ex vicepresidente de Bill Clinton y frustrado candidato a la presidencia en el año 2000. Luego de perder por escasos puntos frente al poco querido George Bush, este político se dedicó a luchar contra el calentamiento del planeta. Publicó varios libros bien documentados y enérgicos que alcanzaron ventas notables. La solidez de sus argumentos contribuyó a despertar la conciencia sobre el peligro que acecha a la humanidad por el uso irresponsable de combustibles. Sus numerosas giras, cursos y conferencias aumentaron la potencia de su humanitario mensaje. Poco a poco se fue convirtiendo en un santo laico. Algunos llegaron a comparar su nombre con el de Mahatma Gandhi y Albert Schweitzer. Los sectores llamados progresistas (que muchas veces son progresistas de veras y otras muchas hipócritas desvergonzados) lo elevaron al altar de los íconos.

El rebumbio de esta oleada conmovió al tribunal del Premio Nobel de la Paz, que le entregó su galardón en el año 2007 junto al Grupo Intergubernamental sobre el cambio climático de la ONU, “por sus esfuerzos para construir y diseminar un mayor conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre y poner las bases para la toma de necesarias medidas». Casi de inmediato también recibió el Premio Príncipe de Asturias.

Con su película “Una verdad incómoda”, que denuncia elocuentemente las modificaciones ecológicas, ganó dos premios Oscar en la categoría del mejor documental. En este film, Al Gore responsabiliza con puño duro a gobiernos, industrias y personas que generan semejante catástrofe mundial, y exige rutas de producción y consumo que se abastezcan con energías limpias, alternativas, para evitar la paulatina destrucción del planeta. Los fenómenos del tenebroso cambio climático son provocados por la exagerada infección atmosférica con dióxido de carbono (CO2), que generan los combustibles fósiles. La obligación de poner freno a este desquicio se eleva, por esa razón, a la altura de un “imperativo moral”- ha proclamado Al Gore en incontables ocasiones.

Criticado. Hasta aquí parecen incuestionables sus méritos. Pero antes de que perpetrase una triple y asombrosa traición –que acaba de cometer y a la que me referiré enseguida–, ya se produjeron críticas contra su conducta. Algunas parecen correctas, otras motivadas por la envidia. Se empezó a señalar que utilizaba el cambio climático para un desmedido beneficio personal, porque su fortuna pasó de 2 a 25 millones de euros sólo en el año 2008. Cobra por sus conferencias no menos de cien mil euros. Otra crítica se refiere al brutal ataque estadounidense contra una supuesta fábrica de armas químicas en Jartum (Sudán), cuando Al Gore era vicepresidente de Clinton, sin haberse investigado ni demostrado suficientemente esa sospecha, que resultó falsa.
Otros investigadores de su vida y obra señalan que, pese a sus insistentes recomendaciones, Al Gore consume 20 veces más energía que la familia media norteamericana, dando un impúdico mal ejemplo. También fue criticado por acompañar a su esposa en las prejuiciosas campañas contra grupos musicales rebeldes como Dead Kennedys, Judas Priest, Frank Zappa y Twisted Sister.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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