Costumbres / 8 de febrero de 2013

Movida nocturna

Bailar en la playa

Los boliches sobre la arena son la novedad de la noche marplatense. “DJ sets” frente al mar y “Ladies night”: los anzuelos perfectos para atraer a los más jóvenes.

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Los tacos eternos de una chica esbelta, delgada y altísima se clavan por la noche en la arena marplatense de Playa Grande. Mañana, a la misma hora, se hundirán en algún balneario del sur donde haya fiesta: Mute o La Caseta. Un año atrás, esos mismos tacos hacían equilibrio sobre el asfalto de la calle Alem, el circuito casi obligado para los jóvenes que cuando oscurecía, colmaban los bares de la zona. Hoy, los adolescentes eligen los boliches sobre la playa. El tope horario que rige desde junio del 2011 estableció el cierre de los bares a las 4 de la mañana, lo que hizo que la gente emigrara a las discos de la costa, que cierran a las 6.30. Desde su entrada en vigencia, la medida –bien recibida por los vecinos que se quejaban por los ruidos hasta altas horas- generó el cierre de unos 35 bares en Alem y, en consecuencia, el furor del “encare” con el mar de fondo.

Hábitos. Martina Rodríguez tiene 22 años y junto a cinco amigas inicia una lenta caminata a un lado de la ruta 11, el corredor que de día lleva hacia las playas top de Mar del Plata, pasando el faro. “Por la mañana venimos a estos balnearios a tomar sol y de noche volvemos para la hora en que se hace boliche”, asegura Martina camino a La Caseta, mientras chatea por celular con alguien que promete hacerlas pasar gratis.
En el sur, la música suena entre las carpas que desde las primeras horas ocupan los turistas. De noche, la misma geografía se convierte en la ideal pista de baile: los jóvenes llegan a pagar hasta $120 por formar parte de la movida del verano. El encanto de las discos en las playas del sur se ve contrarrestado por la ubicación estratégica de algunos lugares como el complejo La Normandina, en Playa Grande, que cuenta con tres boliches a orillas del mar: Crobar, Stadium y Samsara Beach.

“La posta está acá”, asegura Mariano Pereyra, gerente de Stadium, que explica: “Estás en el centro de todo. La gente está muy austera. El taxi para ir al sur tiene un costo. La gente llega entre las 2.30 y las 3 de la mañana, luego de hacer la previa. Los chicos se quedan hasta las 6.30 y se vende alcohol hasta las 4.30”. Pereyra confiesa que el tope horario “trajo mucha gente para La Normandina”.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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