Cine / 15 de Febrero de 2013

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Duro de matar – Un buen día para morir

(EE.UU.) Acción. Dirección: John Moore. Con Bruce Willis, Jai Courtney, Sebatian Koch. Apta para mayores de 13 años.

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John McClane viaja a Rusia a buscar a su hijo, a quien cree metido en problemas. Lo está, pero no por ser traficante o ladrón, sino por ser operativo de la CIA. El espectador que ya sabe de lo que es capaz el personaje en esta serie de acción que cumple cinco películas (y todas, a su vez, cumplen, aunque la primera siga siendo una obra maestra total) tendrá lo que seguramente busca: movimientos sin pausa, explosiones, velocidad, tiros y piñas. Ahora bien: ¿hay algo más, aparte de la idea de un papá y su hijo reconciliándose mientras derriban villanos de caricatura? Siempre en estas películas hay un “algo más” y se llama Bruce Willis. A diferencia de los “musculosos” de los ’80, Willis es sobre todo un comediante que comprendió desde que comenzó a protagonizar estos films, que no pueden tomarse en serio y que, en el fondo, se trata de una versión hipertrófica –pero no realista, no vaya a creer– de los maravillosos cartoons del Correcaminos, con McClane en el lugar del Coyote.

Con los años –y aquí es más evidente que en el film anterior, superior en varios sentidos–, McClane parece haber descubierto que solo es feliz moviendo su cuerpo de modos imposibles y matando malos sin cuento. En el fondo, y aunque la parafernalia seudopolítica lo disfrace un poco, McClane es un habitante más –más sucio, más dinámico– del mundo de la fantasía. Y siempre es bienvenido.

 

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