Cultura / 1 de marzo de 2013

Ercole Lissardi (62)

El pornógrafo intelectual

Es un “raro” del mundo literario. Autor de culto que hizo del erotismo crudo un estilo. Deseo, amor y el boom del sexo en la interpretación de un experto.

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Son fuertes. Sorprenden e inquietan. Las imágenes quedan girando en la memoria y cuesta sustraerse del clima que crearon las palabras. Son historias de sexo duro y puro. Ni cuentos románticos ni escenas eróticas festivas. Una inmersión sin anestesia en las encrucijadas del deseo. Ese estado en que las pulsiones rompen las barreras del escrúpulo y siguen su propia ley, a contrapelo del mundo.

Ercole Lissardi es el autor de esas historias. Un uruguayo de 62 años, hasta ahora inédito en la Argentina, que logró un reconocimiento secreto en los círculos selectos de la literatura local. Un escritor de culto cuya potencia traspasó los límites de la elite intelectual y despertó el interés de una editorial grande (Planeta), justo ahora, cuando los libros eróticos viven su momento de gloria.

Lissardi no es su nombre verdadero. Es el que se inventó cuando vivía una existencia paralela, con un trabajo normal, lejos de la notoriedad y el escándalo. El erotismo todavía no formaba parte de sus días y tampoco la literatura (aunque para él, las dos cosas son lo mismo). Hoy, que tiene más de 18 libros publicados en su país, cruza la frontera con “El centro del mundo”, un volumen que reúne tres “nouvelles” (él las llama “novelitas”) y que lo estrena como autor internacional.

Su escritura tiene pocos antecedentes. Son contados con los dedos de la mano los escritores que se dedicaron a narrar el erotismo (Sade, Miller, Bataille son algunos de los pocos nombres obligados). Pero, además, el hombre es un verdadero teórico del tema que en el transcurso del año publicará en nuestro país el ensayo “La pasión erótica. Del sátiro griego a la pornografía en internet” (Paidós).
Calidez uruguaya y escasa vanidad fueron los ingredientes de la conversación que mantuvo con NOTICIAS. Un intento de saber más sobre el principal misterio que desvela a los hombres: el sexo y el deseo.

Noticias: ¿Nunca escribió un texto que no fuera erótico?

Ercole Lissardi: Nunca escribí otra cosa y nunca escribí de otra manera. No hay evolución, en ese sentido, en mi escritura. Y siempre escribí de una manera absolutamente franca. No me imagino que pueda escribir otra cosa.

Noticias: ¿Cómo logró entrar en el mundo editorial con un tema que genera tantos prejuicios?

Lissardi: Nunca busqué un editor. Siempre me buscaron a mí. He tenido cuatro editores hasta ahora y jamás tuve que explicarles por qué escribo eso y no otra cosa. Nadie me corrigió, nunca.

Noticias: ¿Le molesta que se lo asocie al boom de la literatura erótica, a partir de una novela muy popular como “Cincuenta sombras de Grey”?

Lissardi: No la leí. Pero lo que está en juego es muy claro. La censura para la representación de la sexualidad cayó a principios de los 70. A partir de ahí, la industria de la pornografía creció hasta un punto increíble y se convirtió en uno de los principales campos de rentabilidad en el planeta. Paralelamente, la industria del entretenimiento mantuvo un perfil bajo en ese terreno. Conservó ciertos esquematismos, cierta pacatería. Pero en los últimos años, se vio que ya no era posible mantener ese ángulo sobre las cosas. La gente está más que lista para hablar en otros términos de la sexualidad. En una sociedad pornografizada, nadie se pone colorado con nada. “Cincuenta sombras” representa el momento en que la industria editorial dice “probemos”. 35 millones de libros vendidos en Estados Unidos, 20 millones en Inglaterra. Claro que la gente está más que lista.

Noticias: Siempre se dijo que las mujeres no eran buenas clientas para la pornografía porque el sexo sin historia no las conmovía.

Lissardi: La mayoría de mis lectoras son mujeres. Porque los hombres ya saben, o creen que ya saben. Las mujeres, en cambio, tienen una sensibilidad para el misterio del deseo, perciben que las cosas tienen dobleces, que son un poco más ambiguas de lo que parecen. Es un problema de sensibilidad. Y en mi literatura, las cosas no son tan sencillas de resolver. Interpelan.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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