Opinión / 8 de Marzo de 2013

Cristina sin Chávez

La muerte de Chávez convulsionó al kirchnerismo y plantea un posible fin de época en la región.

Extraña revolución “la bolivariana” que, merced a la personalidad avasallante de Hugo Chávez, logró seducir no solo a millones de venezolanos sino también a muchos otros latinoamericanos, entre ellos Cristina Fernández de Kirchner, ya que sólo resultó concebible en un país de dimensiones demográficas modestas pero dotado de una fuente de ingresos sumamente generosa. Aunque es imposible saber lo que realmente piensa la Presidenta del “socialismo del siglo XXI” que fue improvisado sobre la marcha por el comandante, no tardó en sentirse atraída por la fuerza gravitacional del hombre que, para propagar su evangelio, repartía una cantidad fabulosa de petrodólares entre sus partidarios tanto en Venezuela como en el resto del planeta.

¿Cree Cristina que, fallecido Chávez luego de una agonía prolongada, durante la cual las azoradas autoridades venezolanas no se animaron a informar a la ciudadanía acerca de su estado de salud, le corresponde intentar continuar su obra, como hizo aquí después de la muerte de su marido, Néstor Kirchner? Es posible: la decisión sorprendente de reconciliarse con los truculentos ayatolás iraníes a cambio de vaya a saber qué, sirvió para acercar la política exterior de la Argentina a la de la Venezuela chavista. Asimismo, los enemigos elegidos por Cristina –la prensa díscola, la Justicia, los “neoliberales”– también estaban entre los blancos predilectos de la retórica sulfúrea del caudillo caribeño que acaba de dejarnos.

Con todo, aun cuando Cristina se sintiera tentada a homenajear a Chávez intensificando sus esfuerzos por construir una variante sureña de su “modelo” supuestamente progresista, no le sería dado hacerlo. Mal que les pese a los admiradores latinoamericanos del comandante, el chavismo no es exportable. No lo es porque el proyecto “bolivariano” que inventó Chávez depende casi por completo del petróleo, del “excremento del diablo”, como lo llamó una vez un venezolano, que el año pasado le reportó casi 100.000 millones de dólares blue. Con tanto dinero a su disposición, dinero que el jefe máximo pudo gastar a discreción sin preocuparse por los molestos organismos de control que existen en otras latitudes, no le resultó nada difícil erigirse en padre de sus compatriotas pobres y benefactor munificente de movimientos afines en el extranjero que, desde luego, aceptaban con gratitud las valijas colmadas de dólares imperialistas que les mandaba con regularidad.

Así y todo, a pesar de contar con un chorro al parecer inagotable de fondos que usaba para mantener una red clientelista que abarcaba toda la región, el golpista metamorfoseado en ídolo de las masas se las arregló para provocar en su país una crisis económica de magnitud descomunal. Ya antes de su muerte el régimen tuvo que devaluar el bolívar; pronto tendrá que hacerlo nuevamente, lo que a buen seguro provocará problemas angustiantes para millones de pobres e indigentes porque Venezuela está acostumbrada a importar buena parte, el 80 por ciento, de lo que sus habitantes necesitan para comer. Y como si esto ya no fuera más que suficiente, durante la gestión de Chávez Venezuela se convirtió en uno de los países más violentos del mundo, con al menos diez veces más asesinatos per cápita que los registrados en la Argentina.

¿Influyó la experiencia chavista en la estrategia económica del gobierno de Cristina? Parecería que sí, ya que a partir del 2007 los funcionarios del gobierno kirchnerista han actuado como si la Argentina también disfrutara de una fuente inagotable de ingresos, de ahí el aumento insostenible del gasto público, la virtual desaparición de inversiones y una tasa de inflación que es aún más alta que la conseguida por su mentor.

 

11 comentarios de “Cristina sin Chávez”

  1. Como es habitual, son excelentes los analisis de James y desde hace ya muchos años. Sin desperdicio. El pobre Peron, y unos cuantos, se sumaron a la Tercera Posicion, de los Paises No Alineados, como Yugoeslavia del finado Tito no quedo nada. De la debacle, al terminar su razon de ser que era la Guerra Fria, solo subsisiten reuniones y participes, que no deciden en el mundo de hoy por mas poder atomico que cuenten, como Pakistan por ejemplo. El peso economico, es quien sigue conduciendo el mundo, y los que hoy miran por la venta, quieren entrar a ese mundo. Por lo tanto, Venezuela, sin La Voz, de Chavez, pasara a ser un pequeño país de los que tira piedras al primer mundo, pero lo envidia terriblemente, y seria muy simple que llegara al primer mundo, pues recursos no le faltan solo le falta direccion politica inteligente y patriotica y no mesianica y ladrona

  2. Neillson opina con su corazoncito neoliberal muy british que latinoamerica debería encolumnarse en la “civilización occidental” que para él son los chicabo boys seguidores de Milton Friedman. La tercera posición de Perón es una herejía -piensa- pero las “relaciones carnales” con USA solo nos llevarían a ser un Puerto Rico del cono sur. Creo que no es lo que pensaron Bolivar y San Martin y, con todos sus defectos, encaró Chavez

    1. hummmm……… tengo muy serias dudas de que esto termine bien.-Resulta que chavez ahora es un “procer”,Causa gracia leerlo

  3. Una elocuente claridad de conceptos, como siempre.
    La clave está en el nivel cultural de los pueblos.

  4. No es tan extraña la “revolución Chavista” se trata del viejo y remanido cuento de la revolución que sirve para cambiar un tirano por otro, un dictador por otro, una oligarquía por otra, un monarca absoluto por otro… y cambian vestidos, discursos y apellidos pero todo sigue igual, salvo para los socios del poder y para los obsecuentes…

  5. Muerto el perro morirá la rabia?….a juzgar por el ejemplo de peron, que sigue haciendo daño 40 años despues, no parece que sea el caso…

    1. Me has robado las palabras. Mirando estos sucesos parezco estar delante del history channel. La unica diferencia fue que cuando el pocho dio el golpe tomo el poder y el bonaparte barines fue en cana. Luego fue presidente electo

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