Personajes / 8 de marzo de 2013

Kevin Johansen (48)

“Hoy cantamos sobre otras libertades”

Previo a un ciclo con otras bandas en el Konex, habla de la relación músicos-Gobierno, su alma nómade, Liniers y el argentino promedio.

Está en Pampa y la vía. A metros de un cruce de barreras clausurado, estrenando una típica casa en Belgrano. En el jardín, un mono de peluche asoma agotado mientras algunos montículos de arena, baldes y moldes son prueba ineludible: un niño anduvo por ahí. Kevin Johansen se sienta y convida con repelente de mosquitos (“Me pican siempre a mí”, confiesa). Llegó montado en su bicicleta, de regreso del jardín de infantes al que asiste su hijo más chico, el dueño del mono y del arenal. “Yo no manejo; Lala Franco (38), mi mujer, conduce como un chabón retuerca”, bromea. Atiende por celular a su hija adolescente, se echa para atrás y ahora sí, cuenta: “Mi último disco se llama “Bi” porque es doble: uno es totalmente folclórico, se llama Jogo Subtropicalia y es un guiño a Uruguay y Brasil”.

Noticias: ¿Y quiénes son los que están en la tapa de “Bi”?

Kevin Johansen: Mis padres. Mamá Marta Calvet, ya fallecida, y papá Kent –como el novio de Barbie–, que vive en Nueva México, Alburquerque. Tenemos excelente relación, pero no fui criado por él porque se separaron. Mi madre obtuvo una beca para estudiar literatura y filosofía inglesas en Colorado, Estados Unidos –donde lo conoció–. Era un bocho, hablaba tres idiomas a los 15 años.

Noticias: Usted nació en Fairbanks, Alaska, pero lo presentan como cantautor argentino. ¿Se nacionalizó?

Johansen: No, tengo DNI extranjero y pasaporte yanqui. Pero soy más argento que el dulce de leche. Volvimos con mamá y mi hermana en mayo del `76. Ella se debatía por mandarnos a una escuela bilingüe o no, yo era un gringuito. Su hermano –bien de lleca– que vendía medias con mis abuelos en Colegiales le dijo: “A vos que te gustan los zurditos y los intelectuales, tenés cerca una escuela progre, donde no usan uniforme”. Era la Escuela del Sol y caímos ahí. También vivimos en Montevideo, época de la dictadura, estaba heavy. Mamá consiguió un trabajo en una escuela británica.

Noticias: ¿Sus primeros acordes?

Johansen: En sexto grado, con Julián Benjamín, que tocaba piano y guitarra. Cantábamos en ruso inventado, teníamos una veta musical y lúdica. Yo en los recreos cantaba “Money”, de Cabaret, y a capela. Era el nene yanqui. En nuestra casa de Canadá había discos de Atahualpa Yupanqui, Tita Merello, Bob Dylan y la orquesta de Canaro. La vieja era melómana, rasgueaba la guitarra y cantaba; quería ser una mezcla de Joan Báez y Violeta Parra.

Noticias: En los `80 integró la banda Instrucción Cívica, pero volvió a los EE. UU. ¿Por qué?

Johansen: Me enamoré de una bailarina que quería estudiar danzas. Tenía 23 años,  quise probar cómo era sentirme en el Norte y nos fuimos a Nueva York. Hice de todo, desde desayunos en un hotel, hasta guía de turismo y traductor en Naciones Unidas. Crecí mucho, se podía subsistir.

Noticias: Habla de subsistir, pero actuaba en CBGB’s OMFUG, el famoso club en el Lower East Side de Manhattan. ¿Cómo lo contrataron?

Johansen: El dueño, Hilly Krystol, me escuchó cantar y tocar la guitarra el primer día que fui. Estaba sentado al fondo y le gusté. Falleció en el 2007 y su boliche se murió con él.

Noticias: Casado dos veces y con tres hijos.

Johansen: Sí, del primer matrimonio nacieron Miranda (15) y Kim Ema (9) que viven un poco acá y con su madre. Nos separamos y estoy con Lala, con quien tuvimos a Tom Atahualpa (5). ¡Ella es de Azul y se le ocurrió un nombre gringo y a mí, Atahualpa!

Noticias: ¿Cómo formó The nada?

Johansen: Arrancó como un proyecto, le dio nombre al disco y quedó como banda a partir del 2000. En Nueva York un ex cuñado me dijo que un hermano suyo tocaba el bajo con gente de Colegiales, Villa Urquiza y Villa Pueyrredón. En cuanto volví nos empezamos a juntar.

Foto: Cristian Welcomme. Producción: Esteban Vedia.
Ropa: Kevingston, 134 Group. Peinó: Nella Solano Villegas.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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