Arte / 15 de marzo de 2013

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Cartón pintado

“Debut y despedida”, Marcos López. C C Recoleta. Junín 1930. Martes a viernes, 14 a 21; sábados, domingos y feriados, 12 a 21.

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Como los que habitan al sur de Buenos Aires, el vecino de Constitución que es Marcos López (Santa Fe, 1958) vive en una gran  ciudad latinoamericana, que él ama y otros detestan. Allí frecuenta acentos, comidas y señales visuales inexistentes del otro lado de la calle Rivadavia, al Norte. Su producción artística está profundamente relacionada a América latina, que –como bien conoce por viajes y lo subrayan sus ensayos fotográficos– existe cultural y socialmente más allá de lo geográfico. La audacia y exuberancia de López transformó la Sala Cronopios en un espacio vibrante, con el desorden de la vida, el color y mezcla de un mercado a cielo abierto y el desborde del talentoso artista.

Reconocido como autor de fotografías que, tras sus notables primeros retratos en blanco y negro, se abrieron a la desmesura cromática y conceptual, en “Debut y Despedida. Obras 1978-2012”, López rompe el molde y experimenta con multiplicidad de formatos. Su muestra “Exceso” (2010) en galería Ruth Benzacar –desplegó escenografías y piezas corporizadas a partir de sus fotos– prefiguró la exuberante galería de personajes, situaciones y paisajes donde se cruzan saberes, citas de la historia del arte, cartón pintado y artesanía popular, colaboración de otros artistas borrando la noción de autoría, en sorprendentes instalaciones, esculturas, dibujos, acuarelas, acrílicos, pósters intervenidos, piezas audiovisuales.

Tragedia y ternura, carnaval y crítica social, eclecticismo y mordacidad en esta gran plaza de sorpresas, con un atípico repaso por su biografía (con imágenes de sus padres) y trayectoria artística y por la de unos cuántos más (Warhol, Hockney, Koons, Hopper, Maresca, Ferrari). De Marta Peluffo (con libro de quien esto escribe en exhibición), por ejemplo, López toma la imagen Pop de Nicolino Locche y vuelve a pintarla sobre cuadros comprados en el Ejército de Salvación. Su fotografía del “sireno”, se convierte en escultura gracias a Elba Bairon, invitada con los artistas Paola Balario, Luis Gaspardo, LU.CU.MA., Ruta Mare, Marcelo Saraceno, Miguel Valverde y Yanina Moroni, curadora y directora de arte junto a Nadia Kossowski.

El collage reina en esta exhibición donde López refleja su visión de artista y sujeto social, “toda la carne en el asador”. Alta y baja cultura perviven a través de iconografía religiosa y comercial; próceres, políticos y superhéroes, como San Martín, Bolívar, Evita, Che, Chávez, Evo, Batman, Superman; personalidades artísticas como Berni, Gardel, Klemm. Suma su mirada sobre seres anónimos, la Villa 31, tigres y yaguaretés, patitos inflables, sombrillas y piletas de lona, el color del baile tropical. Así despliega alegría y acidez, creatividad y precariedad, que incluye un bulto cubierto por una manta; representa a una persona sin techo que se refugia tras un cartel del Faena Arts Center en Puerto Madero que, en desoladora ironía, habla de “redefinir la felicidad” (Redifining Happiness). “Estoy haciendo una crónica sociopolítica de América”, dice el artista, que no se despide sino que sigue trabajando en su proyecto artístico y en la fotografía comercial.
Abierta hasta el 31/3, es imperdible. En el Bafici 2013, el artista estrena su documental “Ramón Ayala”, que retrata al músico, compositor, poeta, pintor y dibujante misionero, de asombroso parecido físico al propio Marcos López, quien a su vez fue protagonista de “Vuelo de cabotaje” de Pepe Tobal.

 

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