Libros / 15 de marzo de 2013

libro

Días y noches perdidos

Última Resaca, de Patrick Hamilton. Manantial,
317 págs. $ 110.

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En sellos locales diversos, los últimos años han visto desfilar nombres de la literatura inglesa, que contribuyen a redescubrirla. Nombres como Julian MacLaren Ross, William Sansom, J. L. Davis o V. S. Pritchard son algunos de ellos, traducidos en la Argentina. Ahora se agrega Patrick Hamilton, con “Última resaca”. Nacido en 1904, Hamilton conoció primero el acercamiento de la Segunda Guerra Mundial y luego la vivió en directo, en Londres y alrededores. Tuvo éxito con dos obras de teatro, sobre todo cuando se llevaron al cine: “La soga” y “Luz de gas”. En el último par de años se produjo un renacimiento del interés en su obra. Se han reeditado en especial las que dedicó a Londres y el balneario de Brighton.

En esos dos entornos circulan los personajes de “Última resaca”. Dentro de Londres, viven y caminan por las cuadras de Earl’s Court: el subtítulo inglés promete contar “una historia del lado más oscuro” de esa zona. Lo cumple a fondo. El protagonista, George Harvey Bone, es un grandote bueno, un poco tonto, enamorado sin remedio de Netta, una mujer delgada y mala. Cae a sus pies una y otra vez y ella lo desdeña y pisotea con la misma tozudez. En principio podría tratarse de un melodrama demasiado fechado (ocurre en 1939, hasta que estalla la guerra). Pero Hamilton es un escritor fuera de serie. Describe los lugares (pensiones, pubs, carreteras y caminos, playas) con ojo clínico, centrado en lo que acentúa el efecto final. Rodea a la pareja central de personajes memorables y decadentes, una especie de “barra” dedicada al latrocinio mutuo, material y ético. En un momento detiene la acción y hace un extenso retrato de Netta, implacable, cruel. Sintetiza: “Estaba atrofiada. Parecía una belleza byroniana, pero en realidad era una ameba”.

Agrega matices constantes de un mundo que se zambulle sin vacilar en la guerra. Imposible no pensar en las vacilaciones de Neville Chamberlain con Hitler (citados más de una vez), tan estúpido y “zoquete” como George con Netta. Un plan de asesinato de Bone, igual de titubeante, recuerda al mejor Hitchcock. Cuando termina, el libro queda instalado en el estante de los clásicos de culto, bajo las etiquetas “amor frustrado”, “Inglaterra un minuto antes de la guerra”, “gente promiscua”, “bebida”. Después de la guerra Hamilton llegó a creer que el capitalismo estaba moribundo. Tomaba mucho. Murió de cirrosis en 1962.

 

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