Ciencia / 21 de Marzo de 2013

Arqueología y evolución

Desde cuándo somos creativos

Nuevos estudios muestran que la capacidad humana de innovar supera los 100 mil años.

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Cada año las grandes marcas de teléfonos celulares, tablets, computadoras portátiles y televisores (por mencionar solamente algunos de los productos tecnológicos más populares) sacan nuevos modelos al mercado. Como si se tratara de una panadería, no hay un modelo que no sea lanzado sin que otros estén en plena etapa de desarrollo o fabricación. Y artistas y obra de arte se multiplican. La capacidad humana de innovar se muestra hoy en su máximo potencial. “Los seres humanos modernos somos inventores exitosos. Estamos todo el tiempo avanzando y experimentando con tecnología”, describe Christopher Henshilwood, arqueólogo de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica.
¿Pero fue siempre así? Sin pensarlo, uno diría que las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, el Adán de Miguel Angel y la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, la lamparita eléctrica, el teléfono, la computadora, son algunas de las más grandes muestras de creatividad humana. Pero los científicos están comprobando que los seres humanos crean e innovan desde mucho antes de lo que se pensaba. Antes del fuego y de la rueda, de las pinturas halladas en cuevas famosas, había ancestros humanos que sobrevivían gracias a su inventiva. Hace de eso, más de 100.000 años de manera progresiva. Y no menos de 1,6 millón de años, para las primeras creaciones.

La historia. Nuestro linaje humano surgió en África hace seis millones de años, pero hasta hace poco los científicos habían encontrado pocos registros visibles relacionados con la innovación y suponían que al menos por 3,4 millones de años, nuestros ancestros conseguían lo necesario para comer valiéndose solamente de sus manos. Sin herramientas, sin arte.
¿Cuándo empezó a haber más innovación? ¿Cuándo los humanos se volvieron realmente “creativos”? Hasta ahora, los expertos pensaban que esto había sucedido en lo que se conoce como el Paleolítico Superior, hace 40.000 años, cuando el Homo sapiens vivió una súbita ola de creatividad que arrojó desde burdos martillos, hasta collares hechos con conchas marinas, pinturas rupestres dentro de cuevas, y herramientas hechas de hueso y piedras más resistentes. ¿Por qué esto? Porque (era la explicación más popular) en esa época se habría producido una mutación genética que provocó algo así como un big bang de creatividad entre aquellos primitivos humanos.

Pero las teorías están cambiando, empujadas por nuevas evidencias, y aquella idea de la mutación está perdiendo fuerza. En los últimos años,  arqueólogos de diversas partes del mundo vienen descubriendo formas de arte y tecnología más antiguas que las previamente registradas. Con lo cual, la hipótesis más fuerte hoy es que la capacidad humana de dar a luz nuevas ideas evolucionó mucho antes de lo que se pensaba, inclusive antes de la aparición del Homo sapiens, hace 200.000 años, y que no surgió de pronto, sino que se habría desarrollado a lo largo de cientos de miles de años, por razones tanto biológicas como sociales.

Las pruebas. Desde la Universidad de Witwatersrand, la arqueóloga Lyn Wadley, fue una de las primeras en hallar, a fines de los años ´90 algo que la asombró. Fue hasta la Cueva Sibudu, ubicada 40 kilómetros al norte de Durban, en Sudáfrica, y allí descubrió una especie de capa hecha con un material vegetal blanco y fibroso que los científicos no reconocieron. Luego de años de estudiarlo, pudo reconstruir la historia de esa capa.
Los habitantes de Sibudu elegían hojas de una de las especies vegetales que había en el área para construirse camas, hace ya 77.000 años: casi 50.000 años antes de lo que aseguraban informes científicos anteriores. Pero además de eso, la arqueóloga concluyó que esos humanos tenían un extraordinario y detallado conocimiento de la vegetación de la zona. Los análisis de laboratorio demuestran que las hojas provenían de una planta llamada Cryptocarya woodii, árbol que contiene restos de insecticidas y larvicidas naturales que son muy efectivos contra los mosquitos. “Y esto es muy útil de tener cerca de tu cama, especialmente cuando estas durmiendo a la vera de un río”, explicaba Wadley.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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