Televisión / 21 de Marzo de 2013

Tv

El futuro te condena

“Black mirror”. Serie. Por I.Sat. Producción: Channel 4. Dirección: Barney Reisz, Euros Lyn, Brian Welsh.

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Lo del inglés Charlie Brooker es genial pero, seamos sinceros, no tan difícil de imaginar. El periodista, escritor, presentador de tevé y tuitero de 42 años sacudió con rojo y negro lo que lo rodea, le subió apenas un tono, se preguntó “why not” y creó primero la serie “Dead set” (“Muerte en directo”) en el 2008, terror en cinco episodios ambientados en la casa de “Gran Hermano”; y después, a fines del 2011 y hasta hoy, “Black mirror”, con dos temporadas de tres capítulos cada una.

No sabemos si habrá tercera o si se realizará una película para la que habría comprado los derechos Robert Downey Jr. Sin embargo, por ahora tenemos estas seis joyitas que cualquiera puede bajarse de Internet o ver online pero, si no es el caso, conviene pegar este cartel en la heladera: el canal de cable I.Sat brinda en mayo un maratón de la primera temporada el jueves 2 a las 22 para después emitir la segunda los sábados (4, 11 y 18 a las 22 y el 25 repite los tres). Si quiere verla en lo que resta de marzo y abril -solo la primera temporada- consulte la progra mación de I.Sat (isat.sur.amoelcine.com) por si repiten algo antes.

Y dije “no tan difícil de imaginar” no por envidiosa, sino por solidaria con la acidez del guionista. ¿Acaso Florencia Peña y su video hot no podrían haber provocado una crisis política? En el primer capítulo de “Black mirror”, (“The nacional anthem”, “El himno nacional”), una princesa de la casa real es secuestrada. Por pocos minutos, se sube a YouTube el video en el que ella, llorando, transmite el pedido de su secuestrador para no ser ejecutada: el primer ministro británico debía tener relaciones sexuales con un cerdo, en vivo, ante las cámaras de televisión.

Es solo un ejemplo, al que siguen otros con mucho menos humor negro, pero siempre perversamente cercanos. ¿Cuánto falta para que los concursos de talentos sean el único camino de salida para los jóvenes? ¿O que seres estupidizados filmen con su celular todo lo que los rodea? ¿Hasta qué punto nuestra memoria no es construida por recuerdos sistematizados con obligatoriedad? ¿Hasta dónde llegar por la intolerancia al dolor?
En “Black mirror” –esas pantallas negras sin las que no hay rutina si no nos reflejamos en ellas a cada instante–, la tecnología cumple su amenaza de esclavitud naturalizada. Después de todo, no tenía forma de máquina Terminator, sino de Alien metido en los flujos cotidianos y cuyo horror reside en la inercia.

Que parezca tan próximo y tan inevitable se debe a que estos personajes son “humanos” ciento por ciento. La función de los reiterados primeros planos es acercarnos a las lágrimas, el sudor, la sonrisa, el temblor de estas personas (extraordinarios actores por otra parte) para decirnos que la tecnología no puede resolver la ancestral tragedia humana.
Cuando el espejo se rompe, en su interior no hay nada, salvo un montón de dependencias y el sueño de libertad, inalterable.

 

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