Showbiz / 21 de marzo de 2013

El fenómeno “Star Trek”

La franquicia inmortal

Series de televisión con problemas de rating y taquillas de cine erráticas. El ícono pop que se reinventa para volver a ser éxito.

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El espacio, la frontera final. Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise. Su misión durante los próximos cinco años: explorar extraños, nuevos mundos. Buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, llegando a donde ningún hombre ha llegado antes”. Con ese discurso casi pomposo y una imagen de una maqueta a la que solo faltaba que se le vieran los hilos, las voz de William Shatner –más conocido como el Capitán James Tiberius Kirk– abría cada episodio de “Star Trek” (o “Viaje a las estrellas”, como se la conoció en el doblaje neutro), en su versión original, a fines de la década del ’60.

Pero aquella “misión” de cinco años trascendió el tiempo, y ya lleva casi cincuenta. Medio siglo durante el cual se produjeron una docena de películas –contando la que se estrenará este año– y seis series de televisión que fueron desde las rocas de papel-mache de la puesta original, pasando por un dibujo animado “low cost”, hasta llegar a los sofisticados efectos visuales de “Enterprise”, su última entrega, que fue a la vez su más estrepitoso fracaso. Cinco décadas en las que una de las franquicias más famosas de la pantalla chica (y, por qué no, de la grande) tuvo que enfrentar enemigos mucho más temibles que los Romulanos –la ineptitud de ciertos productores, por ejemplo–, casi cayó en el agujero negro del olvido y fue resucitada por un nuevo “Capitán”: ni más ni menos que J. J. Abrams, el nuevo Midas de Hollywood, el director que todo lo que toca lo convierte en millones… y en luces que provocan destellos en la lente de la cámara, a esta altura una firma y casi un clisé de su estilo de hacer cine.

El western galáctico. Eugene “Gene” Roddenberry, ex piloto de combate, ex piloto civil de Pan Am, ex policía de Los Angeles (su curriculum casi de superhéroe es harto conocido por la fauna geek) comenzó su carrera como guionista freelance para radioteatros y series de televisión (“Patrulla de caminos”, entre las más exitosas). En 1964, logró seducir a los estudios Desilu –propiedad de la comediante Lucy Ball y su marido, Desi Arnaz– para que produjeran el piloto de “Wagon train to the stars” (“una carreta a las estrellas” sería una traducción más o menos justa) que debutó en 1966 en la cadena NBC bajo el que luego sería un nombre emblemático: “Star Trek”.

La serie combinaba recursos del western y las series de detectives con una ciencia ficción más cercana a Buck Rogers o Flash Gordo y al comic pulp de la década del ’40 que a sofisticaciones posteriores del género. La cadena de televisión no se mostró nunca del todo entusiasta ante la propuesta y el rating escaso les puso punto final a los viajes del USS Enterprise tras la tercera temporada. Pero, claro, la leyenda aún no había siquiera nacido.

“Star Trek” es parte de la historia de la televisión por muchas razones, además de por haber puesto en pantalla el primer beso interracial de la tele norteamericana. Una de ellas es que fue mucho más exitosa en el “syndication” (la repetición en cadenas locales) que durante sus transmisiones originales. Se volvió una serie de culto y la gente quería más. A tal punto llegó el fanatismo que el primer transbordador espacial de la nasa fue bautizado “Enterprise” tras medio millón de cartas de los fans pidiéndolo.

Más información en la edición impresa de la revista.

 

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