Medios / 25 de marzo de 2013

Divino relato

¿Qué es peor para el Gobierno? ¿dos tapas en contra de Clarín o más de una semana con noticias favorables sobre el papa? Tapas.

Buena parte de la vibrante durabilidad del kirchnerismo dependió, sobre todo en la segunda mitad de su década en el poder, de su capacidad para derrotar al mito de que ningún gobierno podía resistir dos tapas adversas de Clarín seguidas. Deben ir como mil y hasta aquí llegamos. Sin embargo, lejos de dar por superado el trauma, hoy los altera la duda de cuántas portadas favorables al Papa se podrán soportar sin llagas. En realidad, no le temen tanto a ese pedazo de papel pintado en sí como a las nuevas circunstancias por las cuales circula. Es decir, lo que está sucediendo en las calles y las casas argentinas desde que, como un genio, brotó Francisco de la chimenea vaticana.

Ese amplísimo territorio incluye los espacios sociales donde penetró el relato oficial, que llegó para anunciar la resurrección del peronismo en el arranque del Siglo XXI. Fue justo allí donde, sin avisar, cayó como del cielo un relato divino, franciscano, jesuítico y peronista. En su semana de debut papal, Jorge Bergoglio lanzó un mensaje que fue celebrado en su país con visible alegría, inusitada transversalidad, natural sentido policlasista y esa amplia cuota de cholulismo nacionalista que también nos define.

La reacción espontánea frente a la anunciación fue beligerante. Si el elegido era considerado peligroso cuando vivía cruzando la plaza, qué debería esperarse al coronárselo rey de 1.200 millones de fieles. Las horas descubrieron a Cristina en la más incómoda de sus sensaciones políticas: Arrinconada contra las minorías ideológicas y sexuales que tanto ayudan para delinear rasgos progresistas pero tan poco pueden significar en materia de popularidad y gobernabilidad.La tradicional brújula de Clarín para zambullirse en los fenómenos que movilizan a “la gente” (la misma de la que se ufanó para asociarse con los K durante su primer lustro en la Casa Rosada) horroriza hoy más que nunca a los kirchneristas, que con CFK a la cabeza empiezan a tirarse encima de Francisco como si siempre hubiera sido su estrella favorita del rock.Clarín se había vuelto previsible, y por lo tanto manejable, al asumirse desde su propia línea editorial como protagonista de una guerra de intereses. Ahora, en un deliberado ejercicio de anticipada santificación, su obsesión pasa por adjetivar al nuevo Papa del modo que más duela a los desalojados de los titulares negativos.

En una semana, Francisco fue argentino, austero, democrático, humilde, multitudinario y transformador. Fue la Presidenta quien debió pedirle cosas. Y “con ella escuchando en primera fila” fue que condenó el odio, la envidia y la soberbia. El efecto Francisco recién empieza. También el divino contrarrelato. Nadie puede darles un sentido definitivo todavía. Lo único que parecería confirmarse hasta el momento es que la oposición no logra levantar la puntería ni colgándosele al viejo amigo Bergoglio de la casulla.

 

 

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