Danza / 5 de Abril de 2013

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Una obra estremecedora

“Nuestra señora de las flores” (estreno en la Argentina). Coreografía: Francisco Camacho (Portugal). Intérprete: Francisco Camacho. Centro Cultural de la Cooperación.

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Gracias a la acción conjunta del Instituto de Investigación del Departamento de Artes del Movimiento del IUNA y la Secretaría de Estado de Cultura de Portugal, se presentó el coreógrafo y bailarín Francisco Camacho en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación. La única función de su solo ‘Nuestra Señora de las Flores’ vino acompañada de un taller intensivo de danza contemporánea, dictado durante una semana. El artista es uno de los puntales actuales de la danza en su país, con estudios en el Merce Cunningham Dance Studio, y de teatro en el Lee Strasberg Theatre Institute.
La interrelación entre teatro y danza surge palmariamente de cada movimiento de Camacho. A los 45 años, poco importa que su físico escape al modelo tradicional del bailarín, por el contrario, revela la total libertad con la que se maneja Camacho en su creación. También lo hace en su enseñanza, trabajando tanto con profesionales como amateurs, en quienes despierta la inquietud de encontrar por medio de la danza un lenguaje nuevo. Lo que resulta en cambio llamativo, es la profunda fuerza que emana de su personalidad, como para asumir este hipnótico solo capaz de sostener por algo menos de una hora la atención de la audiencia.

Estrenada hace 20 años, ‘Nuestra Señora de las Flores’ toma su título de la primera novela del escritor Jean Genet. Rebelde, transgresor y hasta incurso en la delincuencia, Genet fue condenado a cadena perpetua, levantada a pedido de un grupo de intelectuales que privilegiaba su talento por sobre sus vicios. Su ‘opera prima’ es autobiográfica, sobre la homosexualidad y la vida en los bajos fondos. Sin embargo, solo el título fue tomado por Camacho, que no la había leído al tiempo de componer su coreografía, sino mucho después, para asombrarse con sus similitudes. Se trata de una obra compuesta por movimientos pequeños, convulsivos, inestables, que revelan un cuerpo colapsado, donde conviven un contenido masculino y otro femenino. El primero, señalado por desplazamientos más aéreos, brazos en alto, flexiones y extensiones; el segundo, en cambio, más ‘a terre’, utilizando el cuerpo como instrumento ora inerte, ora impulsado por fuerzas nacidas desde su interior, para nuevamente ser arrojado al suelo. Descontrol y violencia son dos características de la danza de Camacho en ‘Nuestra Señora…’, que nos conduce por los tortuosos caminos del delirio místico, de la escatología, de la multiplicidad de identidades.

En el escenario despojado, Camacho se transforma bajo dos haces de luz que lo metamorfosean, ayudados por un voluminoso vestido de gasa blanca y flores, y varios racimos de uvas en imágenes que remiten a Caravaggio. Lo acompaña la intimista música emanada de las huestes de Jordi Savall y la voz de la espléndida y recordada Monserrat Figueras, en una versión de la tristísima canción catalana ‘El comte Arnau’. Una obra que hace desear un pronto reencuentro con este interesante artista.

 

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