Clásica / 12 de abril de 2013

clasica

Magia en el Colón

Concierto de la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela. Director: Gustavo Dudamel. Obras de Igor Stravinsky y de Silvestre Revueltas. Teatro Colón.

Por

Presenciar un concierto de la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” es siempre una experiencia impactante. El organismo más perfecto surgido del prodigioso Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, ha dejado de ser una gran orquesta de jóvenes para convertirse, desde hace tiempo, en una de las agrupaciones sinfónicas más destacadas del planeta. No sólo por la perfección y pulcritud técnica de sus músicos, tan virtuosos como expresivos, sino por el increíble nivel de compromiso que los une al arte. En sus gestos, en sus movimientos y en el deslumbrante resultado sonoro, se percibe que, para estos intérpretes, el arte es la vida misma. Dejan todo, cuerpo, alma, talento y pasión.

La química perfecta entre el director Gustavo Dudamel y los miembros de la orquesta es uno de los principales secretos de su éxito. Esa simbiosis ideal se percibió desde el inicio del concierto, con una lectura profunda y vibrante de “La consagración de la primavera”, de Stravinsky, obra fundamental del siglo XX. La orquesta plasmó magistralmente el intenso juego de variedades rítmicas y tímbricas que plantea la obra, con una vigorosa sección de cuerdas y bronces potentes.

El programa se completó con “La noche de los mayas”, una bellísima creación de  Silvestre Revueltas, que abreva en ritmos y sonoridades afines a la cultura musical mexicana. Una vez más, Dudamel y la orquesta descollaron, resaltando equilibradamente los contrastes entre los momentos de extremo lirismo y los pasajes de carácter enérgico y electrizante, hasta llegar al apoteósico despliegue de percusión del cuarto movimiento.
Hacía tiempo que no se vivía en el Colón un momento tan mágico. Al finalizar la obra de Revueltas, el éxtasis que invadió a los asistentes se tornó rápidamente en delirio, y una ovación interminable obligó a los músicos a permanecer un buen rato en escena. Con la generosidad que los caracteriza, ofrecieron una ecléctica serie de piezas fuera de programa, que incluyó dos momentos orquestales wagnerianos, además de la popular “Alma llanera” y el infaltable Malambo del ballet “Estancia”, de Ginastera.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *