Opinión / 21 de abril de 2013

Opinión

Violencia a la americana

El atentado en la Maratón de Boston reflota el miedo al terrorismo en un país donde la violencia y el uso de armas son parte del ADN.

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Fuerza. En la línea de llegada de la maratón, el tributo a las víctimas. La consigna: "Somos Boston, somos fuertes".

Las dos bombas que estallaron el lunes 15 en la línea de llegada del Maratón de Boston, le recordaron al mundo que ni en el país más poderoso la seguridad esta garantizada. En los Estados Unidos, el atentado a poner a flor de piel un miedo que existe por lo menos desde aquel fatídico 11 de septiembre. Aunque quizás, el miedo sea muy anterior. Porque Estados Unidos es un país que vive a la defensiva desde su fundación, perpetuando en su Constitución –y en el inconsciente de millones– la necesidad de portar armas y estar preparados para responder contra cualquier agresión.

Lo de Boston fue brutal. Aunque faltan detalles de la investigación, se sabe que por lo menos dos bombas explotaron a doce segundos de diferencia. Los dispositivos, compuestos de ollas a presión de seis litros cargadas con clavos, rulemanes, y explosivos, detonaron en una Boylston Street repleta de familiares y amigos alentaban a los suyos en la carrera.

Las explosiones, amplificadas por la difusión en las redes sociales, llegaron mucho más lejos y retumbaron en el subconsciente americano. Las calles alrededor de la Casa Blanca fueron evacuadas mientras que Nueva York fue puesta en un estado de alerta diseñado para prevenir una catástrofe de la categoría de la de las Torres Gemelas. Al día siguiente, el aeropuerto de La Guardia fue evacuado por un paquete sospechoso y ya se especulaba con la detención de un ciudadano árabe. Resultó ser un simple simpatizante que fue a presenciar el evento deportivo y cultural más importante de Boston.

Frente a las cámaras, Obama habló de un acto de terrorismo y prometió que los responsables serán encontrados y castigados. El mismo Osama Bin Laden podría dar testimonio de que los norteamericanos se toman muy en serio estas promesas. Estados Unidos está demasiado acostumbrado a la violencia y, por ende, al miedo. Más allá del ya emblemático 11 de septiembre, el pueblo norteamericano sufrió como nadie la Guerra Fría. En los colegios, los estudiantes y profesores especulaban con cuál sería el objetivo estratégico cercano más importante en caso de un ataque soviético, mientras que los medios hablaban constantemente del “Doomsday Clock”, un hipotético conteo hasta el momento en el que la guerra nuclear acabaría con todos.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1895 de la revista NOTICIAS.

 

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