Música / 22 de abril de 2013

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Raros peinados viejos

Muchos años después de su complicada primera excursión argentina, The Cure pasó por la cancha de River su “LatAm 2013 Tour”.

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Parece remota aquella siempre rememorada visita que The Cure hizo a la Argentina en 1987. Entonces, el escándalo que se desató en la cancha de Ferro dejó un sabor amargo en un recital que fue a parar inclusive, y no por sus bondades musicales, al libro de grandes anécdotas de la banda. Y tan lejos está aquello en términos cronológicos, que unos cuantos miles de los que fueron esta vez a escuchar al grupo británico ni siquiera habían nacido en aquel momento o tenían tan corta edad que no estaban para estos asuntos. Pero el tiempo pasa no solamente en el almanaque y “nos vamos poniendo viejos”, como aseguraba la canción de Pablo Milanés. Porque lo que antes era rock duro hoy, años vista, se percibe mucho más blando. Porque rótulos como “dark” o “gótico” que los caracterizaron en sus comienzos de la década del `70, resultan ahora anticuados. Porque de los miembros originales, solo está el cantante, guitarrista y líder casi excluyente Robert Smith, aunque lo acompañe desde hace muchos años el bajista Simon Gallup. Porque aquellos “raros peinados nuevos” de los que se burlaba Charly García y que emularía Soda Stereo en algún momento, ahora tienen algo de disfraz caricaturesco; y, más allá de un Smith que sigue fiel a ese aspecto, fueron muy pocos entre el público los que eligieron emularlos, algo bien distinto, claro, de lo que había sucedido 26 años atrás.

La distancia, además, nos permite analizar a The Cure como una banda de música, inserta cómodamente en el mercado, que en épocas de ventas discográficas más flacas salió a hacer un recorrido latinoamericano. Con algo menos de una veintena de álbumes –entre los de estudio y los registrados en vivo–, y “largueros” como son para sus shows, se despacharon frente al público porteño con 3 horas y media de espectáculo para 40 títulos que, como es obvio, recorrieron un espectro muy amplio de su historia.
Si lo medimos en términos de las convenciones del “showbiz”, esto fue mucho más un concierto que un show, sin parafernalias de estadio y apenas con un par de pantallas ampliando algunos detalles, que podría haber quedado aún más cómodo en una sala de teatro. Hubo, naturalmente, muchísimos hits: “In Between Days”, “Just Like Heaven”, “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”, “The End of The World”, “Lovesong”, “Push”, “Boys Don’t Cry” o “Killing an Arab”, con que cerraron la segunda tanda de bises. Aunque, en semejante número de canciones, hubo para todos los gustos. Smith y el sonido fueron asentándose a medida que transcurrió el recital y todo terminó resultando muy agradable para la mayoría. El calor principal en una noche fresca lo puso sin embargo una gran cantidad de gente –sobre todo la del sector “campo”– que bailó y coreó recordando tiempos pasados.

 

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