Televisión / 3 de Mayo de 2013

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Esas raras familias nuevas

“Los vecinos en guerra”. Comedia. Lunes a jueves a las 21.45, por Telefe. Con Diego Torres, Eleonora Wexler, Mónica Antonópulos, Mike Amigorena y otros. Dirección: Miguel Colom.

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¿Y qué tiene que tener para ser un éxito? Nadie lo sabe. Desde este lugar, admitimos que “Dulce amor” rompió con creces todos los presagios. Pero hoy, en la previa del resultadismo, disfrutemos del azar de lo que vendrá: no tengo la menor idea de cómo le irá en números y redes sociales a “Los vecinos en guerra”, la nueva comedia de Telefe, pero sí creo que es un gran producto de ficción.

En principio porque Sebastián Ortega, director de Underground, después del suceso de “Graduados” y con los mismos guionistas, toma un riesgo al alejarse del naturalismo y se embarca en una comedia que bien podría encarar Hollywood. A Ortega y equipo le encanta hacer gala de su cinefilia con profusión de guiños fílmicos que dicen “nosotros también podemos hacerlo”, pero no es el uso de ese manual el que más importa, sino que “Los vecinos en guerra” en conjunto está atravesada por el cine y las series: de manera manifiesta, se subraya que eso que estamos viendo está hecho para ser visto.
Primero, porque el paisaje es inventado. El barrio donde viven estas familias parece el de “Truman show” (Amigorena se parece mucho a Jim Carrey), la escuela, esos jardines, las calles, todo está impostado para la cámara. A su vez, los personajes también actúan para otros. La familia Mayorga no existe sino que es un rejunte de actores, convocados para una misión digna de un thriller, que interpretan sus roles de padres y esposos.

Pero sus opuestos, los Crespo, también son duales detrás de la fachada de “normalidad”. Estas dos familias son observadas minuto a minuto como participantes de “Gran Hermano” por el villano Ciro (Luis Ziembrowski en dupla clownesca con Chang Kim Sung), que desde su prisión domiciliaria busca vengarse de los ex estafadores Mecha/Lisa (Eleonora Wexler) y Alex (Amigorena). Todos son escuchados: cuando Sonia (Mirta Busnelli) lanza sus tilinguerías en francés e inglés, es subtitulada, detalle que le marca su hijo Rafa (Diego Torres) rompiendo la convención.

Multitud de historias, las actuaciones son de primer nivel, con gran y fundamental reparto de roles secundarios, y un humor bien afinado en la misma cuerda. Casi al azar, destaco tres nombres: Antonópulos (puede hacer cualquier cosa y le creemos), Kloosterboer (bien por ese papel estilo “Atracción fatal”) y Juan Pablo Geretto (para que lo conozcan los que todavía no lo vieron en teatro). El más flojito es Diego Torres, pero sin duda se irá ablandando después de tantos años sin tevé.

Como antes en “Lalola” y en “Los Pells”, las historias de Underground juegan a jugar en el sentido más básico, el de hacer de manera consciente como si algo fuera lo que no es: siempre hay otro que fuimos y otro que seremos y mientras nadie lo revele, seguiremos actuando. No sabemos si detrás del tinglado hay algo real o si hay otra cámara. No es la verdad lo que le preocupa a Ortega, sino la forma en que creemos en ella.

 

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