Deportes / 3 de Mayo de 2013

Tenis de alto nivel

La lección de biomecánica

Un análisis científico de los movimientos de los más grandes tenistas. El uso de la cámara lenta.

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Perfección. El saque de Roger Federer, una clase magistral de tenis, material de estudio para amateurs y profesionales.

Los movimientos del tenista suizo Roger Federer son una clase de biomecánica, todo un posgrado deportivo. A los 31 años, actual segundo puesto en el ranking mundial, el campeón más grandes de la historia –diecisiete veces ganador del título de Grand Slam (la serie anual de los cuatro torneos más reputados)–, Federer ya no depende de victorias para sustentar la magia que lo rodea. Su estilo de golpear la pelota, simple, eficaz y elegante, sin los golpes colmados de efecto y velocidad de Rafael Nadal, hace que sea más fácil lo que evidentemente no lo es. El estilo de este hombre capaz de jugar en una cancha de polvo de ladrillo sin ensuciarse las medias se convirtió en el objeto predilecto de investigadores y profesores de tenis, que desmenuzan el talento del suizo para mostrar a los demás practicantes de la modalidad, incluso a los profesionales y especialmente a los principiantes, cómo se debe pegarle a la pelota.

Tanto para los científicos como para los aficionados, ningún arma fue más decisiva para comprobar el arte de Federer que los avances tecnológicos en las transmisiones deportivas por televisión. En el tenis, varios años de entrenamiento no resultan en la mejoría aparente, dada la repetición de jugadas con la postura equivocada. Es necesario aprender un nuevo lenguaje, descubrir los movimientos correctos y las imágenes detalladas en video son el atajo ideal para identificar dichos matices.

Herramienta tecnológica. Actualmente, incluso las cámaras digitales semiprofesionales consiguen captar el momento a razón de 300 cuadros por segundo, un registro diez veces más rápido que el de las filmadoras analógicas y veinte veces más veloz que la percepción del ojo humano, de apenas dieciséis cuadros por segundo. En la práctica, esto equivale a decir que, mientras la cámara ultralenta consigue registrar, cuadro por cuadro, el momento exacto en que la pelota alcanza la raqueta, nuestros ojos son incapaces de capturar ese instante. En el siglo XIX, fue justamente esa incapacidad humana de percibir los detalles de objetos en movimiento que motivó al fotógrafo inglés Eadweard Muybridge, uno de los pioneros de la llamada cronofotografía, a desarrollar un método de análisis que precedió la biomecánica.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1897 de la revista NOTICIAS.

 

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