Costumbres / 3 de mayo de 2013

Relojes

La pasión más exclusiva

Ajenos a la crisis, los relojes baten récords de precios y son una inversión segura. Embajadores de prestigio, fanáticos y los preferidos de los argentinos. La alianza con el deporte.

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El gran desafío de la relojería es que una máquina muy sofisticada quede encerrada en una pequeña caja. Esa proeza tecnológica es lo que se paga al comprar un reloj de lujo.

El tiempo es preciado, escaso, valioso. Quizás por eso, desde hace varios siglos, los maestros relojeros se empeñan en superarse, envolviendo ese don en envases cada vez más bellos, de formas únicas, maquinarias perfectas y metales preciosos.

Contrariamente a lo que miden, sin embargo, los relojes sí perduran a través de los años. De hecho, algunos llegan a convertirse en joyas y hasta en obras de arte dignas de colección. Y aunque al comienzo de su existencia solo los más pudientes tenían acceso a ellos, hoy la medición del tiempo está mucho más democratizada. Eso no significa que los primitivos relojes, aquellos que tenían una maquinaria perfecta, que funcionaba solo en virtud del movimiento; anteriores al cuarzo y las pilas, y a la entrada de los japoneses en el mercado del tiempo, no sigan siendo las piezas soñadas. Artículos de lujo exquisito y exclusivo, desvelo de coleccionistas y amantes de los objetos perfectos.
Pulso agitado. Por supuesto, el amor por los relojes es tan antiguo como ellos mismos. Mucho más, cuando se trata del objeto por excelencia del mercado del lujo. Un mercado en el que los clientes son tentados por las grandes marcas cada año con novedades irresistibles.

En materia de tendencias, en la actualidad, por ejemplo, la preferencia femenina tiende hacia los “relojes joya”. Son aquellos que ofician de exquisito brazalete, como el caso del ya emblemático modelo “Serpenti” de Bulgari, que imita una serpiente enrollada en la muñeca. “También se elige mucho el oro rosa y las esferas color chocolate con diamantes”, ilustra Miriam Testorelli, vicepresidente de Testorelli 1887, una de las joyerías más importantes de Buenos Aires.

Otro punto interesante es la utilización de nuevos materiales, como la cerámica y el aluminio, lo que constituye un verdadero avance en el arte de la relojería porque permiten realizar piezas más livianas y resistentes a las inclemencias del deporte y el clima.
En todos los casos, las formas redondeadas y abovedadas priman y determinan la moda. Para los hombres, en cambio, los tamaños se han reducido. Ya no se usan medidas XL. El gusto actual se inclina por las cajas más pequeñas y conservadoras.

En línea con sus tradiciones, las marcas están buceando en sus raíces (un hecho que se afianzó en las etiquetas más antiguas con el avance de la crisis, como para reafirmar su valor en su historia): “Muchos modelos hoy relacionan sus lanzamientos con hitos de la compañía, como la colección Saint Imier de Longines o el Calibre 1887, una edición limitada de Tag Heuer”, agrega Testorelli.

Asimismo, está instalada la creación de relojes con altas complicaciones (aquellos con funciones adicionales a las básicas como cronógrafo, calendario y fases lunares). “Estos son los que más buscan los coleccionistas”, explica Mercedes Quintana, directora de Comunicación de Simonetta Orsini, quien cuenta que las marcas más vendidas en sus locales son Panerai, Jaeger-LeCoultre, IWC, A. Lange & Söhne y Hublot. En Testorelli, en cambio, los modelos y marcas más solicitados incluyen a Bulgari, Cartier, Omega y Longines.

El podio de los más buscados, en tanto, pertenece casi únicamente a Rolex, un eterno favorito de los compradores argentinos. Sus versiones Submariner, Daytona y GMT, entre otras, son atesoradas no solo como objeto de deseo, sino también como refugio contra la inflación. “Es la marca cuyo valor y demanda se mantienen más estables a lo largo de los años”, explican desde Testorelli. Lo que justifica también la compra de piezas de colección por su valor de reventa.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1897 de la revista NOTICIAS.

 

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