Personajes / 3 de mayo de 2013

Karl Lagerfeld: “Soy curioso, mi google soy yo mismo”

Director de Chanel, diseña para Fendi y para su griffe, amén de muebles, relojes y hasta zapatos de plástico. Sexo, presiones y dieta.

"Yo soporto las presiones. Y no siento pena por las supuestas víctimas de la industria de la moda: no estaban condenados a trabajos forzados; aceptaron sus cargos".

Se define como “mezcla de diseñador con buen humor, pop star y villano de dibujo animado”. Sin embargo, no quiere dejar al descubierto su espíritu germano, esa rectitud en sus convicciones y esa disciplina para crear y recrear la moda, que a paso firme y puntada justa, lo llevó a la confección de un imperio. Cuando tomó la dirección de Chanel en 1982, la empresa no era más que “una bella adormecida”. Y supo en poco tiempo cómo despertarla sin quitarle su estilo: prendió la emblemática camelia sobre una camiseta punk, combinó el saco clásico del tailleur con un jean informal y transformó con cierres irreverentes varias camperas de cuero, hasta volverlas motoqueras.

Veladamente transgresor, el káiser –como lo llaman– realiza también las colecciones de Fendi y trabaja para su propia etiqueta. Con sus inconfesables casi 80 años, ni piensa en jubilarse. Todo lo contrario: está ocupadísimo abriendo negocios en Oriente, ambientando hoteles, diseñando muebles, relojes e interiores de automóviles. Acaba de asociarse a la firma brasileña Melissa para crear zapatos de plástico. En París, donde vive la mayoría del tiempo, convocó a sus invitados alrededor de un gigantesco globo terráqueo en movimiento, con banderitas que marcaban las filiales de Chanel (185 tiendas y 300 puntos de venta) para celebrar el siglo de esta casa creada por Madame Cocó. El mensaje de la colección fue “La globalización”. Y aunque nadie le creyó, dijo al final del desfile: “Yo no impongo nada, solo hago propuestas”. En un inglés perfecto con algo de francés, expresó su último dictum: “Hay muchos otros países en el mundo que tienen más dinero que los europeos y nosotros tenemos que ayudarlos a gastarlo seduciéndolos”.

Periodista: En el film “Zoolander”, una sátira sobre el mundo de la moda, fue retratado como un villano que conspira para controlar al mundo. ¿Por qué la moda es frecuentemente vista como una fuerza del mal?

Karl Lagerfeld: Porque existe la creencia de que es una profesión muy fácil, en la que las personas trabajan poco y ganan mucho. No es verdad y no me importa que lo piensen así. Es más divertido parecer malvado que angelical.

Periodista: ¿Y cuál es la importancia de la moda?

Lagerfeld: Sé que lo que hago es importante, porque todo el mundo precisa vestirse con algo por la mañana al salir de su casa.

Periodista: ¿Cómo hace para mantenerse en la cima por tanto tiempo?

Lagerfeld: Es muy fácil trabajar conmigo. Tengo buenas ideas, sé dirigir mi equipo, no creo problemas y pongo los intereses de la empresa delante de los míos. Soy una persona confiable para este tipo de trabajo. Quizá no me crea, pero no tengo problemas de ego. Mi madre me enseñó que si uno es honesto consigo mismo, sabe todas las respuestas. Por eso no tengo interés en ser el centro de la atención. Para mí es natural estar en un palco.

Periodista: Se dice que el colapso de John Galliano y el suicidio de Alexander McQueen  fueron a raíz de las presiones por los malos resultados. ¿Lo cree así?

Lagerfeld: Yo soporto las presiones. Y no siento pena por las supuestas víctimas de la industria, porque no estaban condenados a trabajos forzados; aceptaron sus cargos. Si uno no está preparado para ser creativo con disciplina, no tiene que asumir una responsabilidad de ese tipo. Una corporación no existe para ayudarte; es uno quien tiene que colaborar con la compañía. Tom Ford trabajó para Gucci e Yves Saint Laurent y nunca se lamentó ni sucumbió. A él lo echaron, lo que es bien diferente.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1897 de la revista NOTICIAS.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *