Cultura / 17 de Mayo de 2013

Cees Nooteboom (79)

“Busco un lugar al que pueda volver”

Es firme candidato al premio Nobel y su literatura refleja sus viajes por el mundo. En Buenos Aires, fue estrella de la delegación de Holanda, país invitado a la Feria del Libro.

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El tema del viaje es una de las constantes de la literatura de Cees Nooteboom y también de su vida. Ha recorrido el mundo y visitado innumerables veces Latinoamérica.

En un par de meses, el escritor holandés Cees Nooteboom cumplirá 80 años sobre la tierra y quizás dedique algunas horas a hacer el inventario de una vida extraordinaria. Cees, que según él “se pronuncia parecido a seis y es la versión recortada de Cornelis”, nació el 31 de julio de 1933 en La Haya, perdió a su padre en los bombardeos de la Segunda Guerra y se crió en colegios católicos en los que adquirió un gusto por la mitología griega. En cuanto pudo, abandonó su empleo en un banco y empezó a recorrer el mundo. Se convirtió en uno de los máximos referentes de la literatura de viajes gracias a libros como “Hotel Nómada”, viajó por Latinoamérica cuando todavía ni existía como destino turístico, se topó con eventos históricos como la Revolución Húngara de 1956 y conoció la Argentina postcrisis del 2001. También publicó libros de poemas, novelas como “El día de todas las almas” o “La historia siguiente” (De Bolsillo) y desde hace una década es un candidato fijo al Premio Nobel de Literatura.

En su cuarta visita a Buenos Aires, Nooteboom participó de la Feria del Libro y habló sobre “Cartas a Poseidón” (Ediciones Siruela), un libro de textos breves que incluye cartas atrevidas al dios de los mares, reflexiones sobre noticias que lee en los diarios (un hombre que se casa con una mujer muerta y lleva un viejo sombrero de ella el día de la boda, por ejemplo) e impresiones de ciudades como Buenos Aires, de donde en un viaje anterior se llevó una piedra que hoy adorna el escritorio de su casa. “Las piedras también me sirven para hacer míos espacios como una habitación de hotel”, le cuenta a NOTICIAS este hombre acostumbrado a vivir en tránsito. Nooteboom habla un castellano perfecto, con giros típicamente españoles, mientras sus grandes ojos azules apuntan al suelo, a la mesa o la pared. El gesto quizás sea el residuo de una timidez de la que no quedan más rastros.

Noticias: Hace casi 60 años que escribe sobre sus viajes. ¿Tiene algún ritual para cuando llega un lugar?

Cees Nooteboom: Sí, busco sitios a los que poder volver más adelante. Un bar, un restaurante. Buenos Aires es una ciudad muy grande pero tiene un restaurante que está lejos de todo y me gusta mucho. Es El Obrero, en La Boca. Hace un par de noches volví, después de dos años, en compañía de Edgardo Cozarinsky. Apenas entramos, la mujer que atendía el local vino hacia mí y me dijo: “Ah, es usted, el escritor”. No sabía mi nombre, pero aun así, la memoria de esa persona, después de dos años, me pareció sorprendente. En cierta manera, mi trabajo consiste en eso. Descubrir qué es lo que hace funcionar a una ciudad, qué es lo que la hace como es.

Noticias: ¿Cómo es su relación con los turistas?

Nooteboom: Ahora estoy escribiendo un libro sobre Venecia y bueno, para mí en Venecia los turistas son el enemigo. Siempre están delante de ti, no puedes marchar por las calles ni por los museos. En invierno no hay tantos, porque es frío, pero igual se ven. Yo he vivido en febrero allí y vi japoneses andando en góndola, con cinco o seis paraguas, bajo la nieve. Nevaba, pero ellos habían comprado en Tokio el pasaje a Venecia y su viaje en góndola, así que el pobre gondolista o gondoliero, debía cantar. Y cantaba “O sole mio” a pesar de que había nieve. Pero para esos turistas japoneses, era una marca: no habían ido a Venecia si no tenían fotos en una góndola.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1899 de la revista NOTICIAS.

 

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