Teatro / 17 de Mayo de 2013

teatro

Neorrealismo italiano y Sur profundo

“Noches romanas”, de Franco D’Alessandro. Versión y dirección: Oscar Barney Finn. Con Virginia Innocenti y Osmar Núñez.
C.C. de la Cooperación, Corrientes 1543.

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“Noches romanas” pertenece a ese género especialmente conmovedor, muy frecuentado en los últimos tiempos, que interroga las vidas de personas reales, por lo general artistas y pensadores, a quienes solo conocemos por sus criaturas. Son piezas que juegan al tenis con la realidad, y parten de un rasgo inicial de interés, que es la mismísima elección de los personajes. En este caso se trata de la curiosa amistad entre Anna Magnani, estrella del neorrealismo italiano, y Tennessee Williams, el dramaturgo multipremiado del sur profundo de los Estados Unidos. Se conocieron en casa de Lucchino Visconti a comienzos de la década del `50. Él era frágil y arrogante como un personaje de alguno de sus propios dramas; ella era simplemente Mamma Roma. Los dos conocían el éxito pero sufrían sus propias humillaciones. A ella le rompió el corazón Roberto Rossellini, cuando la dejó para casarse con Ingrid Bergman. Él luchaba débilmente contra sus abusos y adicciones, en especial el alcohol y el romance.

Se reunían en casa de ella, un espacio muy blanco de lujo despojado, con un gran balcón abierto a la ciudad de Roma. La historia nos cuenta sus afinidades y enfrentamientos; los avatares de una industria caprichosa, las lealtades dudosas y los castigos de la crítica. En estos encuentros aparece el costado más vulnerable de los artistas, la carne viva. Ella convive con el drama de su hijo, afectado de poliomielitis desde muy chico; él tiene una hermana internada en un psiquiátrico, donde le hicieron una lobotomía. Esta lobotomía no cuenta con la pátina de distanciamiento que nos protege cuando se trata de una ficción. Las obras más crueles, y esta era la especialidad de Tennessee Williams, no logran el mismo efecto.

Virginia Innocenti compone una Anna Magnani poderosa, al mismo tiempo una dama y una patotera, que crece en estatura y enriquece su voz. También es interesante la propuesta minimalista de su vestuario (Mini Zuccheri). Osmar Núñez es, sin duda alguna, Tennessee Williams, un hombre en extremo elegante, por momentos incluso frívolo, pero sin afectación ni mohínes. Oscar Barney Finn dirige con su proverbial buen gusto esta pieza del estadounidense Franco D’Alessandro estrenada en el 2002, que trata con todas sus fuerzas de evitar el costado didáctico de toda biografía, la mención de los datos concretos de sus carreras, y por supuesto las dos películas que filmaron juntos: “La rosa tatuada”, de Daniel Mann, con Burt Lancaster, y “Piel de serpiente”, de Sidney Lumet, con Marlon Brando. El énfasis, por el contrario, está puesto en la aventura personal, los sentimientos, la pasión y la melancolía.

 

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