Opinión / 24 de Mayo de 2013

Finanzas Personales

¿Devaluar sí o no?

Los costos de una medida parcial no resolverán el problema de fondo inflacionario, que requiere medidas monetarias y cambiarias.

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CEPO. Agravó todos los problemas y creó un mercado negro que acentuó la desconfianza.

La brecha entre el dólar oficial y el paralelo descendió de casi el 100% al 70% luego de los anuncios sobre el blanqueo de capitales y la consecuente creación de instrumentos financieros destinados a canalizar las dividad hacia la actividad energética y de la construcción. La brecha, aún reducida, genera desconfianza en la gente y tiende a paralizar cada vez más la actividad productiva y comercial. Si la historia sirve de algo, según el análisis realizado por Idesa (Instituto para el Desarrollo Social Argentina), en los últimos 50 años todas las brechas cambiarias se resolvieron con una devaluación del tipo de cambio oficial. En el 58% de los casos no existía tal brecha, mientras que en el 42% restante la diferencia promedió el 46%. Alcanzó un pico máximo del 146% durante el período 1973 /1975.

La pregunta que uno debería formularse entonces no es si el tipo de cambio oficial se va a devaluar sino cuándo. Para entender cuál es el trasfondo de una decisión de tal magnitud, habría que analizar qué se ganaría y qué se perdería con una devaluación. En primer lugar, ¿por qué el Gobierno insiste en no devaluar y continuar con una flotación administrada a cuentagotas? Las razones están a la vista: 1) sería reconocer que la inflación real es muy superior a la del INDEC y eso impactaría en las expectativas a futuro; 2) aumentaría aun más la inflación dado que la matriz productiva argentina depende en más del 50% de productos importados; 3) implicaría una fuerte caída del salario real de los trabajadores medido en dólares (algo que mejoraría la competitividad pero que beneficiaría a los tenedores de dólares); 4) significaría encarecer la compra de maquinarias importadas para la industria que es la que más necesita modernizarse (aunque ahora, con la escasez de divisas, las compras en el exterior se hacen dificultosas) y 5) importar energía sería mucho más caro para el Gobierno.

Veamos ahora por qué serviría devaluar: 1) sería una alternativa para sincerar la economía y recuperar la confianza (aunque la devaluación debería acompañarse de políticas monetarias y fiscales y antiinflacionarias); 2) permitiría que varias actividades industriales y economías regionales vuelvan a ser competitivas, 3) facilitaría la vuelta de inversiones extranjeras al país y normalizaría el comercio exterior (hoy el exportador debe liquidar sus exportaciones al tipo de cambio oficial y girar dividendos al exterior –los que pueden– al tipo de cambio paralelo); 4) evitar que se subfacturen importaciones o sobrefacturen exportaciones, lo que saca dinero del circuito oficial y productivo; 5) permitiría recomponer la relación de reservas del Banco Central con los billetes y monedas que se encuentran en poder del público, mostrando un mayor respaldo ante los ojos de la gente.

*Asesor Financiero. www.vil-metal.com

 

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