Cultura / 24 de mayo de 2013

Leonardo Padura (57)

El sueño eterno de la revolución

Aunque ha escrito más de una docena de libros, su novela sobre el asesinato de Trotski lo volvió famoso. En Buenos Aires, el autor cubano habló de la utopía socialista y el futuro de la Isla.

Por

En Cuba. Socialista pero periférico, así califica Padura al sistema que imperó en la Isla desde la revolución. Hoy, según cree, el mayor problema nacional es económico.

Hay libros capaces de eclipsar la obra completa de un autor. Este podría ser el caso de “El hombre que amaba a los perros” (Tusquets) de Leonardo Padura. Si bien el escritor tiene una larga trayectoria literaria; la historia de Trotski, su asesino y el humilde escritor cubano que se asoma a los secretos del crimen, amenaza con dejar en segundo plano el resto de sus escritos: ensayos, guiones, libros de cuentos y la saga del detective Mario Conde (“Adiós Hemingway”, “La neblina del ayer”, “La cola de la serpiente”, entre otros títulos publicados también por Tusquets).

Hasta lo que Padura considera su mejor trabajo, “La novela de mi vida”, corre el riesgo de quedar sepultado por el impacto que produce la historia de Ramón Mercader, amante de los perros y enigmático asesino, formado en la cuna de los espías soviéticos y, hasta hace cuatro años (cuando se publicó el libro), una figura misteriosa o desconocida.
En la Argentina, el texto tuvo una repercusión considerable. Podría decirse que es un bestseller, si la sombra de “tanques” como “Cincuenta sombras de Grey” no relativizaran la importancia de sus cifras de venta. Sí puede afirmarse que es de esos libros exitosos a largo plazo, cuyo suceso se caldea en el boca a boca (el marketing más eficaz y duradero). Más  definitivo fue lo que sucedió en su país natal, donde recibió el premio de la Crítica. Él, que alguna vez pensó que, porque su temática, la novela podría ser rechazada en Cuba, fue testigo del éxito total de la historia, que agotó una tirada en pocas horas en la exposición del libro de la Isla.

En Buenos Aires, Padura protagonizó una de las charlas más concurridas de la reciente Feria del Libro. Allí, reveló que alrededor de la escritura de su novela se habían producido tantas coincidencias y revelaciones inesperadas que estaba pensando en publicar un libro que podría llamar “Apostillas para  El hombre que amaba a los perros”.
¿Cuál es el atractivo principal de esta novela de más de 700 páginas? Tal vez el dato de que un cubano que apenas escuchó hablar de Trotski en toda su vida (el nombre era tabú en la Isla), exhiba la trama de un drama político que marcó al mundo, y a su país en particular, en el siglo XX. En el libro, un hecho concreto (el exilio y la muerte de uno de los ideólogos de la Revolución de Octubre) sirve para exponer la feroz paradoja de un sistema que se soñó para mejorar la vida de los pueblos, y  se convirtió en una máquina burocrática de proscribir y matar.
Sobre el comunismo y sus excesos y la actualidad de Cuba, Leonardo Padura dialogó con NOTICIAS.

Noticias: ¿Cuánto hay de ficcional en la historia del asesino de Trotski, Ramón Mercader?

Leonardo Padura: A estas alturas, no te puedo decir. Sí es cierto que hay unos acontecimientos en los que él participó, que son históricamente probados. En otros, estuvo cerca; y el resto es la especulación a partir del conocimiento que tengo del personaje. Lo estudié todo lo a fondo que pude. Y si no llegué más a fondo, sobre todo en la parte que más me interesaba a mí, que era en su vida personal, fue porque ninguno de los parientes cercanos quiso hablar conmigo. Después apareció un sobrino, un primo segundo. Con uno intercambié correspondencia y con el otro conversamos en Francia, pero en el momento de la escritura no hubo esa posibilidad de comunicación.

Noticias: ¿Qué significa que esta historia esté escrita por un cubano?

Padura: Si esta novela la hubiera escrito un argentino o un mexicano, el carácter del libro hubiera sido completamente diferente. Pero el hecho de haber vivido en un país socialista que fue, de alguna manera, ortodoxamente socialista, pero a la vez estuvo en la periferia en muchas otras cosas (por un problema de carácter, de lengua, de idiosincrasia del cubano, de personalidad de Fidel Castro). En fin, no fue un país socialista igual que los demás, a pesar de que sí fue igual que los demás. Ese hecho le da una mirada especial a la historia.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1900 de la revista NOTICIAS.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *