Clásica / 24 de mayo de 2013

clasica

Intenso melodrama del bel canto

“Lucrezia Borgia” ópera con música de Gaetano Donizetti y libreto de Felice Romani. Con Darío Schmunck, Florencia Fabris, Christian Peregrino y elenco. Dirección musical: Jorge Parodi. Presentación de Buenos Aires Lírica en el Teatro Avenida.

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Con el argumento que desarrolló Felice Romani a partir de la obra de Victor Hugo, de un profundo dramatismo, Donizetti produjo una ópera de fuerte impacto. La historia justifica el original planteo escénico de Tomer Zvulum para la puesta, en un ambiente oscuro, de vida nocturna y libertina, situada en los “roaring twenties” del siglo pasado, acompañado por la efectiva escenografía de Nicolás Boni, con toques de art decó.
La obra, que presenta también momentos de gran dulzura, mantiene con ritmo parejo el curso de la acción, y más allá del virtuosismo propio del bel canto, las arias e incluso los recitativos están impregnados de mucha fuerza emocional. En ese sentido es una de las obras maestras de Donizetti. En el primer acto Lucrezia exige por error la muerte de Gennaro, su hijo oculto. Su esposo, el Duque de Ferrara, se niega a dar clemencia pero le permite a Lucrezia elegir la forma de ejecución, por arma o por veneno. Obviamente, la Borgia elige el veneno, pero también posee el antídoto, y así salva a Gennaro.

Sin embargo al fin de la historia, al vengarse de sus enemigos, nuevamente lo envenena sin querer, y esta vez muere irremediablemente. Ella también acaba con su vida.
No es una de las óperas más representadas de Donizzetti. Sus momentos brillantes no integran el núcleo de las más célebres y populares arias operísticas, aunque son bien conocidos y se han grabado recurrentemente. Tampoco ha sido muy vista en los escenarios locales, por lo que la puesta de Buenos Aires Lírica produjo ciertas expectativas, que no resultaron totalmente satisfechas por la realización. Fue bueno el desempeño del tenor Darío Schmuck como Gennaro, que cantó una recordable T’amo qual s’ama un’angelo, en el segundo acto, y muy sólido el Duque de Ferrara compuesto por el bajo Christian Peregrino. Estuvo correcta Florencia Fabris en el difícil papel de Lucrezia, en tanto que las cualidades de Vanina Guilledo no resultaron suficientes para componer un Orsini acorde con el resto del elenco. Tal vez el momento más brillante de esta puesta haya sido la segunda escena del primer acto, en el que Lucrezia, el Duque y Gennaro dirimen la suerte de este último. El coro estuvo muy bien bajo la dirección de Juan Casasbellas, en tanto que la orquesta mostró algunas imprecisiones.

 

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