Libros / 14 de Junio de 2013

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Biografía nocturna

“La gran ventana de los sueños”, de Fogwill. Alfaguara, 135 págs. $ 120.

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Este libro que el autor de “Los pichiciegos” dejó prácticamente terminado antes de morir podía provocar la expectativa clásica de los “libros de sueños”. Textos en presente (“estoy en un plato volador”…) o pasado imperfecto (“me encontraba en un desierto lleno de jirafas”). Además del desfile de un sueño tras otro, algo a menudo aburrido, por más bueno que sea el autor.
En general se trata de otra cosa. Fogwill reúne varios sueños de tema semejante, e interviene sin cesar, con esa suma de actitud, voz y curiosidad insaciable que lo caracterizaba.

A su vez se trata, incluso en los casos puntuales, de sueños muy bien escritos.
Así por ejemplo “El Nobel”, un encuentro memorable con García Márquez, despliega datos sobre una de sus actividades centrales (el asesoramiento en campañas publicitarias o, como en este caso, políticas) o detalles mínimos de su propio funcionamiento (el tacto de un cheque por cobrar recién entregado lo hacía sentir muy bien).
Hay también párrafos de teoría sobre el sueño y sus relaciones con pensar o imaginar.
O clasificaciones: “Puertos y bahías que se secan, ríos que se secan, y bancos y restos de naufragios que afloran en las grandes bajamares componen un subgénero de los sueños de mar”.

Lo más sorprendente es cómo el seguimiento de los sueños o grupos de sueños se va mezclando, en quien lo ha leído o seguido su trayectoria, en un interés creciente por la gran cantidad de rastros dispersos sobre su obra y su vida, en ese orden.
Después de consumir los sueños o ideas sobre el mundo onírico queda la tarea de rastrear y acomodar datos en una grilla cronológica, desde los días estudiantiles hasta cierta costumbre de visitar cementerios.
O el hábito de sacarle rendimiento a todo: “Pronto terminaré con este libro de sueños y trataré de vender los millares de hojas garabateadas que sobrevivieron y usé para documentarme: siempre hay alguien que asigna valor a estas cosas”.
Breve pero denso, no es un libro de sueños más: es un gran libro de sueños de Fogwill, entre explosivo y sereno.

 

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