Costumbres / 1 de Julio de 2013

El juego furor

Candy Crush: dulce y adictivo

El fanatismo que produce esta aplicación de Facebook no tiene precedentes. Atraviesa clases sociales, niveles intelectuales y edades.

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Maníacos. Susana y Marley juegan hasta la madrugada. La diva le hace regalos a su nieta para que la ayude a superar los niveles.

Era la madrugada de un templado martes de junio cuando la tranquilidad de una familia en Palermo se vio sacudida por insistentes llamados a un celular. El sonido del aparato, que comenzó a girar sobre la mesa de luz vibrando enloquecido, alertó al dueño de casa. Cuando con los ojos entrecerrados tomó el teléfono, vio en la pantalla que la llamada provenía de la casa de su clienta más famosa. ¿Qué hacía molestándolo a esta hora? ¿Se habría equivocado de número o se trataba de una broma? Sin tiempo para pensar, atendió y trató de disimular la voz de dormido, mientras a su lado su mujer lo miraba con preocupación. Fue una conversación breve. Al terminar, el hombre se levantó de la cama y comenzó a cambiarse. “No es nada grave, salgo a hacer un trabajo y vengo”, le dijo a su esposa antes de partir. A las tres y media de la mañana cruzó una Buenos Aires vacía hasta llegar a las serpenteantes calles de Barrio Parque, en donde una mucama lo esperaba, en medio de la noche. Entró con ella a la mansión y allí vio a la diva, de lentes negros y en camisón, desesperada. “Perdoname que te hice venir a esta hora, pero se me rompió la computadora y no puedo jugar al Candy Crush. Por favor, ¿podés arreglarlo?”, le dijo Susana Giménez a su técnico de confianza.

La anécdota –detalles más, detalles menos– es real y sucedió hace algunos días. La reina de Telefe llamó a su técnico en medio de la madrugada para que le arreglara un desperfecto en su notebook que le impedía seguir con el Candy Crush, el juego que se convirtió en una obsesión para millones de personas en todo el mundo.
Definición. Disponible en computadoras, smartphones y tablets, es una suerte de rompecabezas en donde hay que acomodar diferentes piezas, con forma de golosina, para ir destrabando niveles y poder avanzar. La mecánica no es novedosa y está presente en muchísimos otros juegos, como el clásico “Bejeweled”, pero encontró en esta aplicación su forma más perfecta: es muy sencillo de jugar pero muy difícil de dominar. A diferencia de otros desarrollos similares, en este caso no hay un target específico de jugadores. Desde chicos aburridos en los recreos de su colegio secundario hasta ejecutivos de grandes empresas que esperan la salida de su vuelo en el salón VIP del aeropuerto, todos lo están jugando. Tal parece que, al fin, es muy cierto aquello de que “detrás de todo solo hay una mujer”. Y detrás de Susana, hay una mujer adicta al Candy Crush.

El juego fue lanzado en el último semestre de 2012 y desde entonces no ha parado de crecer en todo el mundo. Gracias a que se puede jugar a través de Facebook, se encuentra primero en el ranking de descargas de la gigantesca red social, en donde para diciembre contaba con 32 millones de fanáticos, la misma cantidad de personas que arrojó el censo argentino en 1991. “Candy Crush Saga”, tal como se llama oficialmente, fue lanzado por la compañía inglesa King, quien adaptó la idea de un rompecabezas basado en patrones con una de las bases de “Angry Birds”: solo aquellos que completan un nivel de manera exitosa pueden pasar al siguiente. De hecho, los pajaritos enojosos quedaron relegados por este nuevo fenómeno, que al momento de escribirse esta nota tenía 45 millones de descargas y entre 10 y 15 millones de usuarios que la usan a diario, una cifra que crece a cada hora. De hecho, se supo que la empresa King evalúa la posibilidad de empezar a cotizar en la Bolsa.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1905 de la revista NOTICIAS.

 

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