Ciencia / 1 de julio de 2013

ANTICIPO

Los enfermos más raros del mundo

“Historias del cerebro” relata casos extraordinarios de la neurología. Un médico, una periodista y los secretos de la mente humana.

Por

La literatura y la medicina no están tan lejos como se piensa. La narración de casos extraños abunda en los manuales de medicina tanto como en las páginas de los diarios. Ahora, junto con el prestigioso neurólogo Marcelo Merello reunimos en “Historias del cerebro” un puñado de historias sorprendentes. Entre los casos que relata el libro que publicará en julio el sello Debate, figuran las historias de la tenista que revolvía la basura, la cocinera que perdió el olfato, el ingeniero que veía a su mujer muerta, el golpeador sonámbulo y la moza que hacía gestos obscenos. Aquí, un extracto del capítulo que trata los trastornos de la percepción de la realidad: “No tenía amigos. Sentía devoción por sus pequeñas primas, pero en general no se comunicaba con nadie. En la escuela le había ido bastante mal, pero zafaba. Como era adoptado, las maestras le tenían paciencia. De todos modos, no fueron los problemas intelectuales ni sus rarezas adolescentes los que lo llevaron al médico. Su mamá quería saber por qué pestañeaba tanto; qué eran esos gestos extraños que hacía con la boca; por qué hablaba raro, como los que hacen el doblaje de las películas.

Un largo peregrinaje por psicólogos y médicos había concluido en el diagnóstico de Tourette, una enfermedad muy nombrada que suele confundirse con otras de base psiquiátrica, que también se presentan con movimientos parecidos a tics.
—El síndrome de Gilles de la Tourette es una enfermedad mucho más frecuente de lo que se cree, aunque la mayoría de los casos son tan leves que no buscan atención médica. La persona asume sus tics como normales, como parte de su personalidad.
En verdad, Marito tenía pocos tics, pero le sobraban las manías. Ellas se acrecentaban con la ansiedad y llegaban al clímax cuando miraba televisión.Entonces, sí, ya no podía estarse quieto.

Con una medicación para la ansiedad, Marito pudo controlar la mayoría de los movimientos involuntarios. Sin embargo, seguía llamando la atención de la gente. Hablaba como un locutor o, acaso, como imitando a alguien. Su lenguaje no tenía la fluidez ni la cadencia que tiene el hablar normal. La gente a su alrededor murmuraba. ¿Qué hacía ese muchacho con anteojos negros y campera de cuero? ¿A quién se parecía y por qué caminaba como chueco? ¿Por qué hablaba así? Sin hacer caso de las habladurías, la mamá de Marito seguía llevándolo a la consulta del neurólogo. Tal vez la señora se sentía mejor yendo a ver a un médico que a un psicólogo. Quizás buscaba encontrar algún rasgo hereditario que explicara el comportamiento del joven, al que había adoptado cuando tenía cinco años.

Ella le había dado todo cuando trajo al niño a su casa. Por ese entonces, Marito ya mostraba fascinación por la televisión. Ahora, a los dieciséis años, seguía hablando de la telenovela “Poliladron”.
—Parecía tener un leve retraso mental. Era muy tranquilo, pero en el consultorio parecía estar en un set de actuación. Claramente, este joven no tenía Tourette, y me inclinaba por diagnosticar un trastorno psiquiátrico. ¿Tendría un síndrome de Asperger?
El síndrome de Asperger era una enfermedad desconocida hasta la década de los cincuenta y, de hecho, no aparece en los libros clásicos de medicina. Sin embargo, cada vez se diagnostica más. Algunos especialistas lo consideraban una forma de autismo con la capacidad para desempeñarse en la vida cotidiana, mientras otros lo encuadraban dentro de una esquizofrenia. Hoy, el manual diagnóstico DSM-V incluye el síndrome de Asperger dentro de los trastornos del espectro autista.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1905 de la revista NOTICIAS.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *