Teatro / 26 de julio de 2013

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Un barco a la deriva

“Vale todo” de Cole Porter. Con Florencia Peña, Enrique Pinti, Diego Ramos y elenco. Dirección: A. Tantanian. El Nacional, Corrientes 960.

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Desde que comienza la obertura o el popurrí instrumental de las fascinantes canciones del musical “Anything goes”, estrenado en 1934, con letras y partitura del inmortal Cole Porter (1891-1964), se evidencian las primeras fallas de este flamante y regular montaje: los decibeles del sonido se elevan de manera insoportable, como si fueran las trompetas del apocalipsis; los arreglos resultan bastante anodinos y los ejecuta una agrupación de apenas siete instrumentistas que, al menos la noche que asistió este cronista, no se terminó de poner de acuerdo con el escenario. En una gran producción, se necesitaría el doble.

La trama es ingenua, añeja, disparatada y olvidable. Ambientada en la década del `30, se resume en la historia de un joven y sexy agente de bolsa (Diego Ramos), que aprovecha una confusión para subirse al lujoso trasatlántico que navegará de New York a Londres. En el barco viaja la dubitativa, bella y rica heredera (Josefina Scaglione) de quien está enamorado, pero la muchacha está comprometida en casamiento con un afectado lord inglés (Martín Salazar) y custodiada por su asustadiza madre (Noralih Gago). Sin embargo, una sensual cantante de night club (Florencia Peña) y un mafioso de poca monta (Enrique Pinti) secundado por una pícara partener (Sofía Pachano) lo ayudarán a intentar disuadirla de la boda. Incluso su despistado e irascible jefe (Roberto Catarineu) participará involuntariamente.

En este punto surge la pregunta: ¿por qué semejante tándem de excelentes intérpretes parecen librados a su propia suerte? En las numerosas escenas habladas o en el paso de una a la otra, la falta de ritmo roza lo absurdo. Las individualidades se imponen desmedidamente con inútiles referencias contemporáneas y quiebres brechtianos entre los protagonistas.

Por suerte, el ensamble es fabuloso y además de asumir pequeños roles, encaran logradas coreografías de tap (las otras son fallidas). Entre ellos, sería injusto no destacar a Flavia Pereda, Pedro Frías, Rodrigo Cecere, Mara Moyano, Ezequiel Carrone, Mariano Botindari y Nicolás Villalba. De forma contraria, Catarineu y Gago sobreactúan hasta el exceso; en cambio, Salazar y Pachano confirman sus quilates y recursos, y Scaglione deslumbra con su exquisito timbre vocal, carisma escénico e innata elegancia. Diego Ramos no tiene la voz requerida para ese rol y el legendario Pinti… es Pinti y punto.
Los rubros técnicos se unen en la correcta funcionalidad, aunque no avanzan mucho más allá del mero aspecto e ilustrativo de la época. Finalmente, Florencia Peña es una de las mejores actrices de drama, comedia o musical, al realizar una interpretación admirable.

 

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