Personajes / 16 de Agosto de 2013

Bobby Flores: “Mi espíritu rocker fue mutando”

Dirige los canales de música del grupo Turner, trabaja en radio, tevé y gráfica. Tangos, discos incunables y pensamiento mágico.

Compinche. Con Benicio (8) y Ástor (3), dos de sus hijos. Clementina (20) estudia cine. “Nunca les digo no a nada, pongo límites pero aspiro a criarlos con libertad”.

Es un hombre afortunado. Ama lo que hace, le va muy bien, tiene una linda familia. ¿Qué más puede pedir? “No veo la hora de cumplir los 60, dicen que a esa edad ya no te importa nada”, asegura quien alguna vez fue monaguillo y jugador de básquet. El mismo que debutó como DJ en los carnavales del `77 en el Deportivo San Andrés, fue un referente ineludible de la Rock & Pop durante más de dos décadas, y recibió el Konex de Platino en Comunicación de Música Popular.

A pesar de las mutaciones inevitables, Bobby Flores sigue siendo un rocker y un tipo divertido. Usa siempre zapatillas y es adicto a las farmacias. “Lo primero que hago cuando estoy de viaje es ir a una farmacia, me traigo de todo, tengo pastillas que no sé para qué carajo son. Adoro las Van Reade y las Lojas Americanas, donde tenés dos pisos de remedios. Me encanta el Uvasal, tomo dos por día, es mi gran estimulante”.
El rocker de siempre, con la misma energía pero más maduro. Ahora es director de programación de Turner Internacional Argentina; es una de las voces de Malena (89.1), la FM dedicada solo al tango; tiene un programa diario en 101.9 Actitud Rock (101.9), una columna en la TV Pública; y escribe para una revista. Es también un hombre de familia, marido de la curadora de arte Mariana Armento, padre de Clementina (20), Benicio (8) y Ástor (3), y un eterno agradecido a la Providencia.

Noticias: Se lo conoce como un hombre de rock, jazz y música negra, pero resulta que también es tanguero. ¿Descubrió el tango de grande?

Bobby Flores: A todo llegué desde el rock. Al blues, al jazz, al soul, a la literatura negra francesa –Rimbaud, Artaud–, al cine de Polanski, a la pintura de Kandinsky. Pero pasé mi infancia escuchando tangos y jazz, y a eso llegué por mi papá. Mi parte rocker estuvo muy influida por esos tangos que mi viejo me hizo escuchar. Troilo, Fiorentino, El Polaco Goyeneche, Piazzolla, que como cosa rara papá ponía con los discos de jazz. Así tuve un repertorio de cincuenta tangos cuando llegué al rock.

Noticias: Se puede decir, entonces, que es un auténtico tanguero.

Flores: Sí, soy porteño hasta la médula. Nací en el puerto, en el viejo Hospital Ferroviario, un lunes de lluvia. Mi viejo se asomó conmigo a la ventana y mi primera visión del mundo fue agua y un guinche del puerto. Un paisaje terrible para un pendejo.

Noticias: Y ahora es una de las voces de radio Malena.

Flores: Cuando mi amigo Pancho Meritello me contó el proyecto y me dijo que quería que yo fuera la voz de la radio junto a Adriana Varela, me pareció una demencia porque soy un rocker básico, era como una patada en la cabeza para el tipo que iba a escuchar tango. Después se sumaron Horacio Pagani y Javier Calamaro y resultó muy bueno, porque somos voces muy disímiles.

Noticias: Usted dice que hay que estar trastornado para escucharla.

Flores: Sí, es genial, no se anuncian los temas y se pasan tangos de todas las épocas. Uno de los placeres más recientes que tengo es salir a una hora tranquila con el auto por Libertador o por el río escuchando Malena. He lagrimeado. Escuchar “Niebla del riachuelo” en La Boca cuando hay niebla, mierda, si no te pega sos un robot.

Noticias: ¿Cómo es su seleccionado tanguero?

Flores: Piazzolla era un ser superior, cómo me encantará que mi hijo menor se llama Ástor. También me gustan Troilo, Goyeneche, Fiorentino, Lucio Demare y, de lo más nuevo, El arranque, 34 puñaladas. Y decí que tenemos a Nelly Omar, si no Adriana Varela sería la reina.

Noticias: ¿Baila el tango?

Flores: No, soy incapaz de bailar. Yo iba a las discotecas a pasar música desde los 17. Mis amigos sí iban a bailar, pero para mí era como llevar un cartero a caminar, y si los acompañaba me quedaba mirando al disc jockey, le afanaba cosas, me fijaba qué hacía. Entonces, nunca bailé. Me había tomado muy en serio mi trabajo. Quería perfeccionarme y tenía en quién fijarme, sabía dónde quería llegar.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1912 de la revista NOTICIAS.

Producción: Esteban Vedia. Fotografía: Andrés Setepani.

 

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