Showbiz / 21 de agosto de 2013

Por qué no funcionan los Late Night Shows en Argentina

El formato que ya es tradición en la televisión norteamericana, pero que no logra encontrar su espacio en el paladar argentino.

Por

Tom Cruise empapa a Jimmy Fallon, uno de los favoritos del público norteamericano.

En 1983, cuando florecían los primeros retoños de la primavera alfonsinista, el gigante estadounidense Pizza Hut puso por primera vez un pie en la Argentina. A pesar de haber desplegado una intensa campaña publicitaria en la que transmitía la sensación de que el Primer Mundo podía estar más cerca, tuvo escaso éxito y debió cerrar. A mediados de los 90 volvió a intentarlo, esta vez con una veintena de sucursales motorizadas por el fondo de inversión The Exxel Group. Sin embargo, una vez más el público le dio la espalda y tuvo que levantar campamento de manera imprevista. En ese momento, un afamado y mediático chef devenido en empresario gastronómico sentenció: “Teniendo a Banchero, Guerrín y tantos buenos locales en cada esquina, la pizza yanqui nunca será rica para el paladar argentino”.

Algo similar –valga la comparación– parece ocurrir con los “Late Night Shows”, un formato televisivo estadounidense que está consolidado en varias partes del mundo y que logra unir desde hace décadas prestigio con sólidos números de audiencia pero que en la pantalla chica local nunca consiguió levantar vuelo. ¿Será que aquí no podemos hacerlo?
El secreto del éxito. La fórmula de los Late Night Shows en Estados Unidos ha variado con el tiempo y de acuerdo con los conductores de cada envío, pero desde que Ed Sullivan debutó con el ciclo considerado pionero en el género –“The Ed Sullivan Show”, al aire de manera ininterrumpida de 1948 a 1960– mantiene ciertos elementos sin cambios. Siempre en la grilla después de la medianoche, su estructura incluye un arranque con monólogos de actualidad, en los que el conductor se ríe de los sucesos del día; una banda en vivo que acompaña y ameniza la noche; un reportaje descontracturado a una figura del momento y un cierre con un número musical. En el marco de una escenografía modesta y urbana, todo Late Night es un vehículo para el lucimiento del conductor, que necesita la complicidad y atención del televidente, que lo elige para irse a dormir con una sonrisa.

Johnny Carson, Jay Leno y David Letterman son parte del exclusivo Partenón en donde conviven estos carismáticos cómicos que pueden pasar de hablar de la última noticia de política internacional a discutir sobre una pareja de Hollywood siempre haciendo reír, con ritmo envidiable y estando a la altura de reportajes diarios con figuras con las que cualquier animador argentino sólo se anima a soñar. Las nuevas generaciones –encabezadas por Conan O’Brien, Jimmy Kimmel y Jimmy Fallon– también le sacan jugo a Internet, con segmentos dedicados a la vida on line. El cariño que despiertan es tan grande que en Estados Unidos se vivió como una telenovela los entretelones de quién sucedería a Leno una vez que se retire en 2014, tras 22 años en pantalla. La decisión de la cadena NBC fue elegir como reemplazo a Fallon, ungido como el flamante heredero de la leyenda viva.

Mano de obra local. ¿Pero existen acaso conductores como los que requiere este formato en nuestro país? Sin dudas, cualquier lista de ese tipo que se haga tendrá como primer nombre al de Roberto Pettinato, un verdadero cultor del género y quien ha buscado, varias veces a lo largo de su carrera y con suerte dispar, reciclar algunos de sus elementos. “He intentado por muchos medios hacer un Late Night Show y nunca prendió lo suficiente…

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1912 de la revista NOTICIAS.

 

Comentarios de “Por qué no funcionan los Late Night Shows en Argentina”

  1. En cuanto a Petinatto, más que el formato, lo que costaba soportar era su verborragia ansiosa, que impedía al invitado decir media palabra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *