Restaurantes / 23 de agosto de 2013

resto

Naná: femenino y globalizado

Hipólito Yrigoyen 499, Vicente López. 4837-9220. Cocina variada. Lunes a sábados de 9 al cierre. Reservas. Principales tarjetas. Precio promedio mediodía: $ 85 Precio promedio noche: $ 150.

Zona norte tiene su pequeño Puerto Madero, un conglomerado de torres altas junto al río cuya construcción, en su momento, causó mucho revuelo entre los vecinos. Allí se establecieron todo tipo de empresas, conformando un polo de consumo, restaurantes incluidos, entre los que se encuentra “Naná”, un lugar cuya calidez contrasta con el imperante aire de cuidad fantasma. Flores en las mesas, mucha madera, mucha luz y una barra donde a toda hora nos esperan medialunas, brownies y tortas: “Naná” es un refugio tan femenino como su nombre.

Sus dueñas son las hermanas Reynal, Sofía y Paula, quienes apostaron a que “Naná” sea más que un deli. Para ello convocaron al chef Javier Hourquebie, formado en “Sucre” y en las cocinas de New York, quien creó una propuesta sólida de almuerzo y cena. Ambas cartas son cortas pero contundentes: una cocina de espíritu mediterráneo, en la que predominan las carnes y vegetales de estación, en preparaciones donde respetar el producto es lo primero. En “Naná” abundan las materias primas nacionales, intervenidas por la influencia de las cocinas del mundo, logrando un sabor familiar y por momentos impersonal, aunque sin decepcionar.

Para el mediodía, “Naná” tiene suculentas ensaladas como la de remolacha, rúcula y huevo mollet (con zucchinis, nueces y aderezo de queso crema); sándwiches, entre los que se destaca la estrella de la casa, la hamburguesa Naná (hecha con mitad de carne picada y mitad de carne cortada a cuchillo) con queso cheddar, rúcula, tomate asado, panceta y chimichurri; y platos de cocina como el pollo orgánico con ensalada de calabaza, tomates secos y albahaca; o los livianísimos malfatti de espinaca, entre otros. Como entrada puede pedirse un “side” de choclo para comer como en casa: con la mano, con manteca y sal. De postre, delicioso volcán de dulce de leche, pequeño pero rendidor; y budín brioche con helado.

De noche “Naná” pone velitas en las mesas, y sus originales lámparas (antiguos portalámparas, con cables de tela, de los que cuelgan lamparitas) parecen estrellas en la oscuridad. La cocina cobra nueva inspiración, con preparaciones más sofisticadas. El clima romántico invita a compartir pequeños platos como el original paté con membrillo y espinaca salteada con almendras; la molleja con ensalada de papas y alioli; o el tiradito de trucha asalmonada. También hay raciones para seguir compartiendo: clásico y sabroso risotto de langostinos; salmón en costra de Lapsang Souchong (una variedad de té ahumado que aporta un sutil sabor al pescado); y bondiola con babaganoush (la clásica pasta de berenjenas de la cocina árabe). Que no falte el vino: “Naná” ofrece una excelente selección de etiquetas y variedades, lo cual implica pagar más pero tomar lo mejor.

“Naná” tiene poco tiempo de vida y algunas cosas por mejorar: los tiempos de la cocina y el servicio aún necesitan ajustes. Pero estas muchachas tienen un largo y prometedor camino por recorrer.

 

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