Libros / 30 de agosto de 2013

LIBROS

“El sueño del retorno”, de Horacio Castellanos Moya

“El sueño del retorno”, de Horacio Castellanos Moya. Tusquets, 178 págs. $ 124.

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El autor nació en Honduras, se crió en El Salvador, y desarrolló su extraordinaria obra narrativa en países como México y Alemania. Comparte con el guatemalteco Rodrigo Rey Rosa la capacidad para abarcar la experiencia en buena medida atroz de sus países con herramientas absorbidas en la mejor narrativa occidental, empleadas con eficacia y sutileza.

Esta vez se trata de la experiencia del exilio político, contado en una serie de planos que se van sumando para volverlo no solo difícil, sino además confuso. Lo narra en primera persona un periodista entregado al alcohol, con una ciudad de México recorrida en impulsos indominables, con la figura de un médico nuevo al que acude por terribles dolores estomacales que aporta la curación, pero también la angustia paranoica.
Después de un profesional homeópata, el protagonista conoce las virtudes y límites imprecisos del hipnotismo, método del nuevo médico.

De cada periodo de dos horas en que queda sumido en la hipnosis, Erasmo no recuerda nada, aunque el médico anota todo. Pronto el resultado es casi psicoanalítico, porque revuelve momentos vergonzosos de su propia vida, de la infancia en adelante.
Entretanto, el lector descubre que el exilio no es solo político.

La infidelidad sinuosa, casi melodramática de su mujer lo obliga a un exilio sexual y sentimental. Pronto su capacidad para meterse en problemas, y su incapacidad para tomar decisiones lo hunden en un exilio de sí mismo: no sabe bien quién es ni qué hacer.

Tal vez dentro de la obra compacta de Castellanos Moya (que incluye obras maestras como “El asco”, “Tirana memoria” y “La sirvienta y el luchador”) sea este libro uno de los que bloquea con más eficacia la identificación del lector, ya que los amigos y personajes secundarios se le parecen (alcohólicos, policías, etc.), en su sobreactuación o impulsos represivos.

El deseo sexual lo hunde en el ridículo en el propio aeropuerto de donde debe partir a El Salvador. La propia acción se interrumpe, dejando a Erasmo suspendido en la sospecha y la indefinición. Como siempre en Castellanos Moya, se lee hipnotizado (valga la redundancia), y comunica el entorno y las dudas. Pero culmina un poco por debajo de otras obras del autor.

 

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