Personajes / 30 de agosto de 2013

Antonio Birabent: “No creo en eso de buenos y malos”

Apuesta al “crownfunding” para lanzar su disco, se lo verá en un film y en un unitario de Telefe. Un antisistema.

Un tipo común. Se ufana de ir al supermercado o tomar el subte. Dice que la política le resulta cada vez más inasible.

Bar La Poesía, San Telmo, 18.55 horas. Antonio Birabent llega cinco minutos antes a la cita, con un bidón de agua de tres litros y una botella de vino que acaba de comprar en un supermercadito. Antes de sentarse dice: “¡Qué suerte que fuiste puntual!”. Le recuerdo que hace un año hicimos una nota en la que él, obse del reloj, llegó una hora y cuarto más tarde, no por impuntual sino por el olvido que le produjo no ver su agenda el día anterior; y que a eso se sumó que el grabador se quedara sin pilas en los últimos diez minutos de entrevista, en los que seguimos hablando sin reparar en que no iba a haber registro. En fin, que la imperfección había metido la cola dos veces aquella vez. “Sí, claro, lo recuerdo. El error gobierna”, tira.

Acostumbrado a la autogestión de sus discos, con “Lápiz, papel y guitarra”, el número 15, Antonio Birabent (en pareja con Cecilia Peckaitis y padre de Oliverio, de casi 3 años) está probando el sistema conocido como crowdfunding o financiamiento comunitario, que consiste en pedir una colaboración por adelantado a sus fanáticos. Su ser en el mundo artístico parecería definirse por habitar los laterales del sistema. “Yo a veces me encuentro más al margen de lo que quisiera, pero es más una forma de ser, algo que tiene que ver con una búsqueda personal, y tal vez la contra más grande es que a veces quedo afuera, no al margen. Pero me las he rebuscado para mantenerme en un sitio propio sin estar prostituido por un lugar que es una tentación constante”.

Noticias: Está bueno reconocerlo como tentación, ¿no?
Antonio Birabent: Es una tentación que tiene que ver con el dinero, con la exposición, pero nunca me interesó mucho. Puedo vivir de lo que hago y, sin embargo, también sufro una actividad que es muy irregular. Me doy cuenta de que si me hubiese dedicado solo a actuar, en vez de haber hecho 15 películas, hubiera hecho 30; entonces esta dualidad en lo profesional hasta puede resultar una contra para el estándar. Alguien podría decir “che, pero este muchacho dice esto y trabajó en programas superconocidos”. Es cierto, pero si supiese lo que elegí no hacer, diría “realmente buscó, con acierto y error, estar en el costado”.

Noticias: Lo interesante es que sigue siendo convocado.
Birabent: Porque imagino que no ser una persona extremadamente popular, tiene en sí un valor para quien me llama. Ahora que estoy promocionando el disco y he ido a unos cuantos programas, me vuelve a pasar lo que me olvido que pasa: la gente en la calle no sabe si me vio en la publicidad de mostaza o en el noticiero, no me tienen tanto.

Vieja usanza. Escribe sus canciones a lápiz, de ahí el título del Cd: “Lápiz, papel y guitarra”. Al anterior, “Cambalache”, lo regaló subiéndolo gratis en internet.
Vieja usanza. Escribe sus canciones a lápiz, de ahí el título del Cd: “Lápiz, papel y guitarra”. Al anterior, “Cambalache”, lo regaló subiéndolo gratis en internet.

Noticias: Y eso le encanta, ¿no?
Birabent: Sí, claro porque habla bien de mí. Hoy fui al supermercado y un albañil me mira y me dice “hola, Antonio”. Me llamó la atención porqué el albañil me conoce, y me acuerdo de que Javier Martínez, el famoso integrante de Manal, banda pionera del rock argentino, un día dijo que vio a un obrero tararear un tema suyo y pensó “llegué a algún lugar”…

Noticias: ¿Usted sintió eso?
Birabent: Me da mucha emoción que un tipo que labura en una obra sepa algo de mí. Igual, no me engaño. La fama es puro grupo.

Noticias: Pero en un punto, ¿estar corrido termina siendo algo sectario?
Birabent: Bueno, será que la mayoría de los caminos que llevan a lo popular son caminos que no supe o no quise caminar.

Noticias: ¿Por qué no quiso?
Birabent: En algunos casos significaba estar demasiadas horas en un lugar encerrado sin ver el sol, así de simple. A veces la fama significa no vivir y no poder ir al supermercado, y yo voy al supermercado, eso vale oro y no es la apología del artista genuino y real, no. Un artista es un tipo común, ahora… si te convertís en un tipo muy popular es insostenible. Ayer me fui a grabar a Colegiales y me tomé el subte B. Yo agradezco todavía poder tomar el subte, significa que soy libre, dentro de lo difícil que es sostener esa frase porque hay tantas cosas que nos condicionan. No hagamos apología ni del artista popular que tiene los pies en el barro –no voy en subte todos los días, lo hago de vez en cuando–, ni del artista extraordinario que no hace caca.


Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1911 de la revista NOTICIAS.

Fotos: Silvia Bordoni. Producción: Esteban Vedia. Agradecemos a El Federal Bar.

 

Comentarios de “Antonio Birabent: “No creo en eso de buenos y malos””

  1. Resulta cuando menos inquietante esa combinación del fracaso de las políticas públicas y el éxito privado de los dirigentes, los funcionarios y sus socios. dice:

    El kirchnerismo ha fracasado. Es suficiente con observar: la pobreza, los malos resultados de la educación; las infraestructuras, inútiles, arruinadas e incapaces de prestar los servicios que se esperan de ellas; la producción, concentrada fundamentalmente en industrias extractivas y en manufacturas ineficientes y subsidiadas por el Estado o por los consumidores.
    Resulta cuando menos inquietante esa combinación del fracaso de las políticas públicas y el éxito privado de los dirigentes, los funcionarios y sus socios. Especialmente inquietante, dado que esa combinación ha sido convalidada por la sociedad en elecciones democráticas. Inquietante porque, más allá también de la cuota que los clientes electorales del Gobierno le aportan, lo cierto es que a una parte significativa de la sociedad esa convivencia entre el fracaso de lo público y el éxito privado de los funcionarios no parece provocarle rechazo para votar, una y otra vez, a los responsables de los fracasos colectivos.

    Un gobierno incapaz de evitar que los trenes choquen, que los barrios se inunden.
    Para muchos, la incompetencia y la corrupción marcan la gestión kirchnerista, pero ésos no son sus rasgos distintivos. No es más incompetente, por caso, de cuanto lo fue el gobierno de la Alianza, y la corrupción fue, la marca particular del menemismo. Lo que parece caracterizar al gobierno actual, lo que parece introducir una diferencia, es la mentira. El kirchnerismo ha hecho de la mentira un arte: miente las biografías de sus líderes, miente las estadísticas públicas, miente en sus intenciones y en sus hechos, en las obras inexistentes que inaugura dos veces, en las cifras que dan cuenta de la pobreza y en el costo que tiene alimentarse siendo pobre. El kirchnerismo, principalmente, miente.

    Cuando el discurso del Gobierno se construye con una sucesión de mentiras, lo importante no es que intenta engañar respecto de cada una de las cosas que tergiversa, sino que intenta engañar respecto de las intenciones de lo que hace. Su mirada no está para nada dirigida a los hechos, no le importa si las cosas que dice describen la realidad correctamente.

    ¿Por qué, entonces, un gobierno con semejante discurso persuade a tanta gente para que lo vote? En tiempos en que las pertenencias partidarias y las identidades ideológicas son frágiles, y en que las personas actúan cada vez más COMO CONSUMIDORES Y MENOS COMO CIUDADANOS; en tiempos en los que el abismo entre la riqueza privada y la pobreza de los bienes públicos no deja de aumentar, en los que el voto se decide, mayoritariamente, por la coyuntura de la economía, el simulacro sirve al poder como un almacén de coartadas al que sus votantes acuden para elegir los argumentos que justifican su elección.

    Infinito repertorio de frases hechas y lugares comunes, clasificados en grandes estanterías bajo nombres que resultan pomposos porque han perdido su sentido -inclusión social, soberanía, poderes fácticos, modelo, matriz productiva diversificada, democratización de la palabra, derechos de las minorías, democratización de la Justicia, el simulacro con el que el Gobierno ha sustituido lo real permite disfrutar de los beneficios inmediatos del presente sin por ello sentir traicionados los principios.
    El simulacro produce votos para el Gobierno, al mismo tiempo que crea una zona de confort para sus votantes. Las responsabilidades colectivas se desvanecen en la autocomplacencia. El simulacro kirchnerista es adecuado para una sociedad que vive el presente sin querer enterarse de que lo hace CONSUMIENDO FUTURO.

    El simulacro es impune, porque su promesa no puede nunca ser medida contra las evidencias de la realidad: las aguas en las que se hunde el futuro de ciudadanos que están más allá de toda esperanza no tienen la capacidad de ahogar el discurso vacío que produce el poder. Así, el simulacro pretende instalar un presente perpetuo, un presente que cancela toda promesa de porvenir. Continuar viviendo bajo el simulacro es condenarse a no tener futuro.

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