Libros / 5 de septiembre de 2013

libro

Rolando Hanglin Antiprogre

de Sudamericana, 347 págs. $ 149.

Por

Un libro anterior, “El señor González y otros fachos”, tuvo un éxito lo bastante sólido como para sacar una segunda recopilación (“cada vez más facho”). Cuando se trata de best-sellers conviene que se parezcan, para el “reconocimiento de marca”. Acá se parecían tanto que en el segundo un sello blanco avisaba: “Nuevo libro”.

El señor González aparece esporádicamente en “Antiprogre”, y suelen ser las entradas menos interesantes: operan sobre un público ya convencido, y Hanglin no se esfuerza mucho. Por suerte hay abundancia de artículos largos sobre historia, y consideraciones rápidas sobre su propia vida, o pantallazos sobre fenómenos puntuales, como Woody Allen.

La actividad de Hanglin como periodista, redactor y director de publicaciones es abrumadora. Cuando uno escuchaba al azar un diálogo con Mario Mactas (en “El gato y el zorro”), en pleno tráfago urbano, creía alucinar ante el eximio equilibro entre la erudición y la cachada, la elegancia exagerada y la grosería explosiva. Esa permanencia destacada en la radio, donde es más una voz y una forma de hablar que un punto de vista, le ha soltado mucho la lengua a Hanglin.

Cuando escribe es cuando más se nota. Cada campo aparentemente separado tiene toques de los demás. La brusca acotación relajada airea los artículos de historia, o el requiebre sabiondo fugaz ventila la crónica de costumbres (básicamente de la clase media argentina tirando para arriba).

De vez en cuando aparece una perla como “Una tilinga de aquellas”, sobre Mariquita Sánchez, con una frase final aislada, por las dudas: “De tilinga no tenía nada”. Allí mezcla ráfagas de historia con la dificultad de ser mujer lúcida en aquella época para alguien que amaba Argentina pero que a menudo suspiraba: “¡Qué no daría yo por irme a Europa!
El best-seller soporta, además de otras reglas, una economía de escala.

Es posible que las 350 páginas de este libro estén en el límite inferior. Pero un poco de recorte cuidadoso le habría venido bien para no incluir varias crónicas o artículos menores o repetir temas: Juan Manuel de Rosas, Roca y San Martín (tres nombres vendedores natos) lo fascinan y a veces se repiten datos puntuales. Hanglin es más él mismo cuando más suelta tiene la lengua.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *