Opinión / 10 de Septiembre de 2013

Peronismo trashumante

Chau camporismo. Los jóvenes K que idolatran al ex delegado de Perón fueron corridos de la campaña por CFK.

Nómadas por naturaleza, muchos peronistas que hace diez años optaron por asentarse en territorio kirchnerista están levantando el campo para ir en busca de un nuevo hogar. Algunos, entre ellos el gobernador bonaerense Daniel Scioli, han preferido demorar su partida porque son reacios a permitir que otros se queden con cosas que podrían resultarles útiles en el futuro, pero pocos dudan de que dentro de poco ellos también se irán. Tendrán que hacerlo. Ya se han agotado los recursos que, por un rato, les hicieron irresistible “el espacio” que fue colonizado por el pragmático matrimonio santacruceño, razón por la que, una vez más, tantos peronistas e integrantes de agrupaciones aliadas se han puesto en movimiento.

¿Y Cristina? Puesto que no le será dado acompañar a los demás compañeros en la gran migración hacia un lugar a su entender más acogedor, vacila entre procurar convencerlos de que sigue siendo tan poderosa como antes y que por lo tanto deberían obedecerle por un lado y, por el otro, mostrarse tan capaz como el que más de adaptarse a las circunstancias, de ahí la decisión de eximir del pago de Ganancias a la mayoría de los asalariados, cediendo ante el reclamo estentóreo de buena parte de la oposición y sindicalistas como Hugo Moyano, el encuentro, en Río Gallegos, con “los dueños de la pelota” del empresariado y el sindicalismo amigo para participar con ella de un “diálogo” en que, según el mandamás de la UIA, Héctor Méndez, tenía “buena onda”, y sus esfuerzos no demasiado vigorosos por asumir una actitud un tanto menos altanera que la que le es habitual.

A Cristina le está costando adaptarse al cambio de clima que se vio confirmado de forma tan cruel por los resultados de las primarias del 11 de agosto. Podría seguir gobernando, como la autócrata nata que a buen seguro es, con una caja semivacía si aún estuviera en condiciones de garantizar a sus socios políticos votos en cantidades suficientes, pero parecería que le ha abandonado el “carisma” misterioso que, combinado con la pobreza de la oferta opositora, durante años le permitió dominar el escenario político nacional.

 

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