Libros / 13 de septiembre de 2013

LIBROS

Las reputaciones

de Juan Gabriel Vásquez. Alfaguara, 141 págs. $ 120.

Por

El tema es original: basado en la admiración y el enigma que percibe en Ricardo Rendón, un caricaturista colombiano célebre que se suicidó en 1931, el autor crea otro, también famoso, más cercano: Javier Vallarino. Lo toma cuando buena parte de la sociedad colombiana le hace un homenaje importante en un teatro célebre.

Juan Gabriel Vásquez es un narrador, ensayista y columnista colombiano que se ha destacado entre las voces de la nueva literatura de su país. “El ruido de las cosas al caer” Premio Alfaguara 2011, fue la mejor novela en bastante tiempo de dicho galardón. Vásquez vivió la mayor parte de su vida fuera de Colombia, en París, Bélgica y Barcelona. Ahora ha regresado a su país.

La fascinación y también el fastidio con Colombia ya era evidente en “El ruido de las cosas…”. Siempre tiene muy en cuenta las distintas zonas geográficas y climas del país: la montaña, la costa, la selva. A Bogotá la llama “la Apenas sudamericana”. Influido por los mejores narradores del siglo XIX (entre otros Joseph Conrad, sobre quien escribió una biografía) construye con poder hipnótico y eficacia tanto las carambolas éticas a las que somete a sus personajes, como sutiles estructuras que mezclan el pasado, el presente y el hipotético futuro.

Aquí se ha documentado en entrevistas a caricaturistas en ejercicio, subrayando la importancia de los huesos y los cartílagos para estampar una cara, o el modo en que un profesional absorbe en la prensa diaria su material.

La desilusión amorosa, la tensión creciente con el tedio social a medida que su influencia crece, y el contacto inesperado con una muchacha, tal vez periodista, que en realidad quiere saber algo sobre su pasado, están tejidos con pericia. Pero hay algo de brevedad excesiva del libro para acomodar semejante agenda. En la última cuarta parte, el tema del poder del caricaturista de destruir una reputación es desplazado por el carácter cambiante de la memoria. La carga narrativa decrece para dar paso a ideas abstractas. Incluido el breve discurso de Magdalena, su ex, sobre la soledad.

Ante la complejidad de la trama, el cierre es apresurado, demasiado optimista. Vallarino resuelve sus problemas varios con facilidad, a puro impulso. Quedan en pie sin embargo la larga solidez e inventiva anterior, y el innegable gusto para narrar de Vásquez.

 

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