Blogs / 20 de septiembre de 2013

Massa: La Tigra

Con su creatividad habitual el kirchnerismo ya bautizó al fenómeno Massa asociándolo a una enfermedad.

 

Massa para Omar  (2)

“Parece que a Battistella también le agarró la ‘Tigra’”

“¡No! Pero si era más radical que Balbín…”.

“La ‘Tigra’ es brava…”.

El diálogo que involucra al Intendente de 9 de Julio fue protagonizado en la Casa Rosada por dos altos funcionarios que, sumándose a una tendencia nacida poco después de las PASO, asocia el fenomenal crecimiento del massismo con una “enfermedad” que llaman “Tigra” (por el partido de Tigre), y ya tiene sus derivados: “Está atigrándose”, “Anda medio atigrado”, “Lo agarró la tigra” y otras denominaciones por el estilo.

Si los nombres nunca son inocentes, este en particular tiene condimentos que lo enriquecen. ¿El más notable? Se trata de algo contagioso que está expandiéndose; es decir, por primera vez el kirchnerismo está acostumbrándose a lidiar con un proceso que desconocían y les resulta tortuoso: la competencia.

Néstor Kirchner era un maestro a la hora de pelear, no de competir. De hecho, llegó al poder casi sin competencia, aferrado a la mano de Duhalde, y como ocurrió en Venezuela con Chávez, jamás a lo largo de toda su larga gestión tuvo una oposición verdadera. Sus contrincantes eran abstracciones o símbolos ideológicos (La “corpo”, Clarín, etc.) que podían (y debían) ser subidas a un ring. Sin encontrar un rumbo definido, los opositores políticos ni siquiera contaban al momento de pelear en las elecciones.

Desde la perspectiva kirchnerista el gran problema que plantea Sergio Massa es que los obliga a competir, a moverse en un terreno inhóspito y desconocido. Claro que podrían patearlo antes de que largue la “carrera”, pero resultaría tan evidente que el “público” (los votantes) se pondrían a favor del caído en desgracia. Juego sucio.

Creo que nadie, ni el mismísimo Daniel Scioli, evaluó la necesidad de competencia que tenía esta sociedad, su desesperación por salir del esquema “Lo mató a trompadas”. El gran mérito del Intendente de Tigre pasa por haber levantado la mano en el momento justo y decir: “Yo quiero jugar”. ¿Qué hicieron los demás? Macri se guardó esperando a convertirse en Kennedy dentro de una sociedad que ya no está para esos modelos. Scioli se abrazó al tema de la permanencia institucional cuando, en realidad, ya llevamos treinta años de democracia y los riesgos son relativos: quedó muy en evidencia su perfil calculador: “Descensillo hasta que aclare”. De Narváez, el único que podría haber competido, eligió travestirse y salir a pegar con el fallido “Ella o vos”.

Si algo no se le puede discutir al kirchnerismo es, justamente, su conocimiento del poder. Pues bien, apareció uno que entiende mejor al cuerpo social argentino de hoy y se los está tomando a una velocidad asombrosa. Si no encuentran un antídoto rápido, no sólo van a contagiarse en masa sino que estarán contentos de haber encontrado (otra vez y van…), alguien que vuelve a enfermar de peronismo a la sociedad criolla.