Personajes / 27 de septiembre de 2013

Diana Cohen: “Tenemos genocidas de la democracia”

Tras el asesinato de su hijo, la filósofa escribió “Ausencia perpetua”, mix de autobiografía con exhaustiva investigación del sistema penal.

TRAYECTORIA. Doctora en Filosofía y magíster en Bioética, de niña quería ser rabina como su abuelo paterno.

Diana Cohen Agrest tenía 15 años cuando, mirando las estrellas, comenzó a hablarle a una prima mayor acerca de la infinitud, del ser y de la nada. “Eso se llama Filosofía”, le dijo su interlocutora y ella tuvo la certeza de que quería ser filósofa. Doctorada en el pensar, nunca imaginó que iba a ser una más de la manada de madres lobas aullando justicia por sus hijos muertos. Quedó exiliada en el sinsentido cuando el 8 de julio de 2011, un joven con 9 causas previas asesinó a su hijo Ezequiel, de 26 años, en un intento de robo.

En abril del 2012 le dieron perpétua pero tras una apelación, en el 2013 vino la revocación de la Cámara de Casación, un cambio de carátula y una sentencia de los jueces Ricardo Rojas, Domingo Altieri y Pablo García de la Torre, del Tribunal Oral en lo Criminal 18: los 18 años y 6 meses de prisión, más 5 años y medio por una sentencia previa. “Cuando uno sufre algo como esto, pone en duda hasta el concepto de ser humano. Decís ¿cómo puede ser que a un chico que salió a las 5 de la tarde para ir a la casa de una compañera, me lo hayan traído transformado en un cadáver?”.

Así fue como amasó el dolor, le buscó una forma a tantos interrogantes vacíos y ensayó un sentido superador, que trascienda los puñales clavados en su cuerpo agujerado. “Uno no elige lo que le pasa, pero puede elegir qué hacer con eso. Si puede resignificarlo, en lugar de estar sometido al acontecer, puede otorgarle un sentido”, reflexiona. Su libro, “Ausencia perpetua. Inseguridad y trampas de la (in)Justicia”, da cuenta de ello.

Noticias: ¿Usar su arte de pensar y racionalizar lo sucedido, le resultó un salvavidas?

Diana Cohen Agrest: Mi herramienta es la palabra, el pensamiento. Entonces, cuando iba a comenzar el juicio lo pensé como campaña personal para que la pena fuese la que pretendía. Pero en medio de las audiencias me di cuenta de que la única manera de trascender la muerte de Ezequiel, era poner mi escritura al servicio de las voces de todas esas madres enlutadas. Recordar y poner en palabras todo lo vivido fue una de las cosas más dolorosas, tal vez la más terrible, que padecí en mi vida.

No es la primera vez que transforma el dolor personal en una investigación reflexiva. El detonante de su anterior libro, “Por mano propia. Estudio sobre las prácticas suicidas”, fue la enfermedad de su madre. “Tuvo Alzheimer por seis años. Una tarde me preguntó: “¿Quién sos? No te conozco”. Me fui llorando y me pregunté cuándo uno deja de ser quien es y en qué medida no es legítimo decidir sobre la propia vida. En situaciones extremas, cuando la persona sólo espera el dolor o un proceso de despersonalización, se debería reflexionar en torno de qué hacer con la propia vida”. Tras la muerte de su hijo, suspira y dice que la vida sigue y paradójicamente, siente a Ezequiel omnipresente.

“Como comunidad tenemos un deber hacia esos muertos. Respeto muchísimo a las madres de Plaza de Mayo y a quienes vienen reivindicando verdad y justicia, pero tienen un consuelo vicario: el de pensar que ese hijo murió por un ideal. En cambio hoy la gente está muriendo por una computadora, por un celular, por un auto. ¿Cómo puede ser que estén juzgando a los genocidas de los 70 y liberando a los asesinos de hoy? ¿Acaso hay vidas más valiosas que otras?”

Noticias: En el libro dice: “El asesinato está garantizado por una política garantoabolicionista”.
Cohen Agrest: Absolutamente. Si estos jueces no hubieran largado a este individuo, Ezequiel probablemente estaría vivo. El Estado moderno nace para darle seguridad y libertad al individuo, que le entrega el poder de venganza a cambio de que el Estado vele por su vida. La víctima se encuentra desamparada, porque vive en el marco de la ley y no va a hacer justicia por mano propia.

Noticias: ¿Qué responsabilidad le otorga al juez Raúl Zaffaroni en este diagnóstico actual?
Cohen Agrest: Él formó a las últimas generaciones de abogados. El problema es que hay un cambio cultural. (Ricardo) Gil Lavedra dice, por ejemplo, que una pena de 25 años es una pena dura… el tema de la pena dura y la pena blanda… Que se ponga a cargo del Sistema Penitenciario a Alejandro Marambio, con antecedentes y acusado por los organismos de DD.HH. de alentar la tortura, está dando la razón a lo que dice el garantoabolicionismo: que las cárceles son criminógenas. Pero lo que hay que hacer es mejorar las condiciones carcelarias. Además, las penas tienen que ser de cumplimiento efectivo, sino se empieza a jugar con la concesión de beneficios para que el preso salga antes y los mandan a robar.

Noticias: ¿Afirma que la dinámica está así de organizada?
Cohen Agrest: Está armada así porque tienen que comprar la libertad. El preso que sale por un beneficio tiene que pagarle a la policía, al servicio penitenciario y al juez. Yo le propongo a la familia judicial que en un acto de sincericidio diga quiénes creen en la posibilidad de rehabilitación de una persona que ya adoptó el delito como una forma de vida.

Esta es una versión digital adaptada. Para leer la entrevista completa, adquiera online la edición 1917 de la revista NOTICIAS.

Fotos: Silvia Bordoni.

 

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