Política / 11 de octubre de 2013

Lo que no dice el parte oficial de la salud de CFK

La operación en la cabeza de la Presidenta. Los orígenes de la arritmia. El cóctel de dieta y medicamentos. Cómo fue el golpe.

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Parecía ser un nuevo amanecer. Las frecuentes lipotimias que en los últimos cinco años la habían hecho suspender viajes, agendas y actos de campañas se suponían controladas. De la extirpación total de tiroides que había sufrido en enero del 2012 solo quedaba para la opinión pública un mal recuerdo (el de la angustia de
creer que su presidenta tenía un cáncer que finalmente no fue) y, para ella,
la necesidad de tomar una pastilla de por vida. Pero, en teoría, casi sin efectos
secundarios.

El ánimo de Cristina Fernández se percibía hasta hace una semana estabilizado, y ella se mostraba más relajada, más comunicativa, menos a la defensiva. En tres meses, había logrado adelgazar más de 10 kilos, gracias a una dieta sin harinas y a un exigente plan de ejercicios. Aún con la parcial derrota que habían implicado las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del 11 de agosto), Cristina Fernández retomaba la campaña más linda, más plena, casi “recargada”. Para bien.

Hasta que el sábado 5 de octubre todo cambió, inesperadamente, en el momento menos imaginado y menos oportuno, o vaya uno a saber. A poco más de 20 días de las elecciones, esa misma opinión pública que había estado aplaudiendo o criticando a la presidenta por algo tan mundano como haberse mostrado en calzas en un acto oficial, volvía a contener el aliento.

Luego de 12 horas de trascendidos y rumores, la ciudadanía escuchaba a Alfredo Scocimarro, el vocero presidencial, explicar que la Presidenta había concurrido a la Fundación Favaloro “para realizarse un estudio cardiovascular por una arritmia en estudio” y que, por si esto fuera poco, había sido diagnosticada con una “colección subdural crónica” (un hematoma craneal) producto de un golpe que había recibido el 12 de agosto.

Golpe, arritmia, cefalea, hematoma. Ni una sola de esas circunstancias y condiciones figuraban en el mapa mental de la población. Nunca se había sabido que Cristina Fernández se había golpeado la cabeza de un modo tal que le produjera secuelas; tampoco que hubiera estando sufriendo alteraciones en su ritmo cardíaco.

Ese mismo sábado se supo también algo que se ignoraba: aquél traumatismo había motivado la realización de una tomografía computada de cerebro en el Sanatorio Otamendi de la ciudad de Buenos. Podría decirse que el anterior fue, para los argentinos, un fin de semana a pura sorpresa.

Ésta es una versión adaptada de una nota publicada en Revista Noticias edición 1920. Para adquirir la versión completa hacé click aquí, o encontrala en los principales quioscos del país.