Clásica / 11 de Octubre de 2013

CLÁSICA

Sonidos desde el Sur del país

Festival Internacional de Música Clásica de Ushuaia. Con la presentación de solistas y de la Orquesta del Festival, dirigida por Jorge Uliarte. Del 5 al 19 de octubre. Hotel Arakur. Ushuaia.

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★★★★ Cuando el Festival Internacional de Música Clásica de Ushuaia realizó su primera edición, en el 2005, esa bellísima ciudad no contaba con un piano que estuviera a la altura de las circunstancias. Desde ese momento, el festival ha crecido y se ha fortalecido con el interés y con las expectativas que la comunidad depositó en él.

Este año, los conciertos se desarrollan por primera vez en una nueva sede. El hotel Arakur -ubicado en una reserva natural en plena montaña- se encuentra aún en construcción, pero su auditorio, que alberga dos pianos de óptimo nivel, comenzó a colmarse de música en la apertura del festival.

En el concierto inaugural se escucharon tres obras de Beethoven. La Orquesta del festival, dirigida por el argentino Jorge Uliarte y formada por músicos reunidos en Ushuaia especialmente para esta ocasión, ofreció la Obertura Egmont y la Sinfonía N°5.
Pero la gran figura de la noche fue Goran Filipec, un estupendo pianista croata, conocido por el público de Ushuaia gracias a sus presentaciones en ediciones anteriores del festival.

En esta oportunidad, como solista del Concierto para piano y orquesta N°5, de Beethoven, Filipec demostró ser mucho más que un virtuoso de técnica impecable y sonido depurado. La frescura de su interpretación, despojada de cualquier artificio, permitió apreciar a un artista sensible y de vibrante personalidad.

Apenas unos días después, el joven pianista deleitó al público fueguino con un recital exquisito y sutilmente equilibrado. Entre los sonidos del romanticismo, presentes en el inicio y en el final del programa, Filipec se atrevió a alejarse del repertorio tradicional para ofrecer dos piezas de Ivo Macek, un compositor y pianista croata desconocido por estas latitudes. El descubrimiento de esa música, en las manos prodigiosas de Filipec, le sumó un componente de originalidad a una propuesta de por sí atractiva.

Las obras de Chopin y la Paráfrasis sobre temas de Rigoletto, de Liszt, se escucharon en lecturas ejemplares, en las que el virtuosismo nunca se convirtió en un fin en sí mismo, sino en un recurso al servicio de la expresividad de cada pieza. La impresionante acústica del salón y la deslumbrante vista de la ciudad iluminada le sumaron un encanto singular y muy sugestivo a estas vivencias musicales desde el extremo sur del planeta.

Por Margarita Zelarayán (desde Ushuaia)

 

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