Política / 18 de octubre de 2013

Tiempos de guerra campal durante la ausencia de CFK

Zannini y La Cámpora contra los “delfines” y los funcionarios de raíz “peronista”.

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VOCES DE OLIVOS. Máximo K y Zannini monopolizan el relato durante el reposo. Los bandos en pugna no aflojan.

Nadie sabe si Carlos Zannini filtra información porque consulta (al menos desde el domingo 13) con Cristina Fernández, aún convaleciente, o si recibe directamente de Máximo Kirchner la última palabra de Olivos. Algunos funcionarios de la Casa de Gobierno, maliciosamente, se limitan a sospechar que, en realidad, el secretario juega el juego de Héctor Icazuriaga, el dueño político de la Secretaría de Inteligencia: sembrar intrigas, deducir conspiraciones y acaparar el poder que les cedió CFK con cuentagotas.

Como sea que haya sido, Zannini ya dio por despedido a Guillermo Moreno –incluso con el consentimiento del secretario de Comercio–, reemplazó al jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina por el gobernador entrerriano Sergio Uribarri, derrocó al vicepresidente en ejercicio de la Presidencia Amado Boudou y sustituyó al ministro de Economía Hernán Lorenzino por el jefe de la ANSES Diego Bossio.

Por supuesto, nada de eso ocurrió en la realidad. El guardián presidencial es el que hace trascender esas versiones que prenuncian todo tipo de cambios para cuando pasen las elecciones del 27 de octubre y haya vuelto Cristina a gobernar después del “estricto reposo”.

La verdad que cuentan algunos ministros es muy diferente. Denuncian que Zannini, aliado a La Cámpora, estaría convencido de que un eventual candidato presidencial –“delfín” de Cristina– como Daniel Scioli, o funcionarios potencialmente “traidores” –capaces incluso de pasarse al massismo– como Abal Medina, Florencio Randazzo o Julio de Vido– intentarán que el “cristinismo” termine bien su mandato, como ya pidió Scioli, pero fatalmente herido de muerte.