Personajes / 25 de Octubre de 2013

Fabricio Oberto: “El básquet me ha vuelto más duro”

Retirado del deporte, se abre camino en la radio, la tevé, la música y el negocio del vino. Fotos.

REINVERTARSE. Vive en Córdoba, practica jiu-jitsu, estudia canto y tiene una bodega en Tinogasta, Catamarca.

Las Varillas, Córdoba. Año 1992. Fabricio Oberto tenía 17 años y medía menos de los dos metros y ocho centímetros que hoy en día acusa descalzo. “Un metro noventa y ocho”, arriesga, y aclara que creció hasta cumplir los 21. Debió vender su bicicleta y algunas otras cosas de su magro patrimonio adolescente para comprar las zapatillas azules con las que se iría a probar para jugar al básquet en el club Atenas, uno de los más importantes del país. Tenía que juntar 350 pesos –en esa época, dólares– para llegar al par de Nike talle 49 con el que estaba seguro de que haría maravillas. No se equivocó, aunque poco tuvo que ver el calzado.

Si bien jamás se le había ocurrido que jugaría con sus ídolos –mucho menos que sería parte de un memorable plantel del seleccionado argentino e incluso que llegaría a destacarse y ganar el título máximo de la NBA, la liga más competitiva del mundo–, Oberto concretó uno a uno sus sueños. Después de la prueba en Atenas, no le hizo falta volver a vender sus cosas para equiparse: al año siguiente lo vestía Nike y su casa era un muestrario de esas mismas zapatillas que tanto esfuerzo le habían costado mientras todavía era un joven altísimo al que le gustaban las matemáticas y andar a caballo.

En junio pasado anunció su retiro del deporte. Algunos problemas cardíacos que sufrió tiempo atrás apuraron la despedida definitiva. “La vida del basquetbolista es muy sacrificada”, repite una y otra vez Oberto, que ahora vive en el barrio Villa Belgrano, en Córdoba, y tiene más tiempo para disfrutar de su hija Julia (8). La inquietud y la curiosidad –dos de sus virtudes confesas– lo llevaron a reinventarse: coconduce “Bestias mediterráneas” por radio Vorterix los sábados a las 19 y está al frente de “Lado Oberto”, un ciclo de trece entrevistas grabadas en los Estados Unidos, que se emite los sábados a las 22.30 por TyC Sports y en el que irán desfilando desde Manu Ginobili hasta Gustavo Santaolalla y Eva Longoria, deportistas. músicos y celebrities que lo recibieron en sus casas.

Fanático del rock, amigo de la banda Pearl Jam, debutó como guitarrista en el Cosquín Rock 2013 invitado por los Illya Kuryaki & The Valderramas. En el playroom de su casa atesora la guitarras autografiada por Nirvana y otra de Los Piojos.

Además, Oberto tiene su propia bodega en Catamarca, “Alta Esperanza”, en sociedad con su amigo el enólogo Juan Longo. Produce 400.000 botellas al año. Y, a corto plazo, hará realidad su proyecto de escalar montañas. Pese al perfil multifacético y competitivo, asegura con genuina humildad (y auténtico acento cordobés) que quiere quedar en Wikipedia “como alguien que fue mejor persona que jugador de básquet”. Con el correr de la charla explicará su obsesión con el número siete y por qué durante años no festejó su cumpleaños.

REINVERTARSE. Vive en Córdoba, practica jiu-jitsu, estudia canto y tiene una bodega en Tinogasta, Catamarca.

Noticias: ¿De qué sirve ser tan alto?
Fabricio Oberto: Si tengo que ir a un concierto, veo siempre. Mido 2,08 metros descalzo. Supuestamente la medida en que estás en la cancha es con zapatillas. En los campus de entrenamiento me decian: “Debés ser el único que siempre dice menos de lo que mide”. También es algo psicológico, ¿no?

Noticias: Entonces dice que mide menos de lo que realmente mide. ¿Charló esto en terapia?
Oberto: Es una reflexión que hago hoy. Pero me estás abriendo una puerta… yo siempre fui fanático del número 7. Cuando llegué a medir 2,07 metros ¡me quería quedar ahí! En la cancha uso la 7, nací el 21 de marzo (tres veces siete)… uno entra en esa paranoia en que busca el 7 en todo. En un momento pegué un estirón más y me quedé en 2,08 metros. A los dos meses de haberme ido a probar a Atenas, volví a mi casa, me acosté en mi cama y ya no entraba. Esa noche tuve que dormir en el suelo. Cuando regresé la vez siguiente, me hicieron el alargue.

Noticias: ¿Por qué la obsesión con el número siete? Lo tiene incluso tallado en su diente de metal.
Oberto: Siempre me ha traído suerte. Desde chico jugaba con ese número o el 9, 12 o 15. En Atenas usé la 7. En Europa, la 14; en San Antonio Spurs, el 7, y en Washington Wizards y Portland Trail Blazers, el 21. Es el número de la suerte, he investigado sobre el tema. Cada vez te vas pegando más al número y siempre traté de unir todo al 7. Son esas atracciones que uno tiene.

Noticias: ¿Qué es lo que más le gusta hacer en la vida?
Oberto: Trato de pasar tiempo con mi hija. Como hobby me gusta mucho la música, siempre estoy metido con eso, ir a un show, conocer a algún artista.

Noticias: No mencionó jugar al básquet.
Oberto: Eh… lo que pasa es que al terminar la etapa del básquet, te desenchufás. Pero me pongo a ver básquet. Lo doy por descontado.

Noticias: ¿Es cierto que en su casa tiene un cuarto de grabación y hasta un salón de juegos, pero ningún aro de básquet?
Oberto: ¡En casa de herrero cuchillo de palo! Tengo un aro que me compré, de madera, con todos los chiches, rebatible, de la época de Atenas y nunca lo colgué. Lo mandé a la casa de mis viejos, después me lo traje a casa pero nunca lo instalé. Está ahí, no sé. Espero colgarlo algún día.

Noticias: ¿Le dolió retirarse?
Oberto: Después de lo del corazón (N. de R: una arritmia, una intervención con catéteres y shoks eléctricos para regularizar el ritmo) volví a jugar y lo que pude hacer desde allí en más fue todo de yapa. Si fuéramos para atrás y me preguntaras “¿qué soñás?”, te contesto: ¿no es un sueño jugar en Atenas? En mi vida imaginé que yo podía ser jugador de la Selección. Después tenés los sueños a partir de lo que ves en la tele y decís “uh, quiero ser NBA”. Arranca una locomotora, te viene a ver gente de la NBA, te van metiendo semillitas en la cabeza y de pronto tenes un bosque de sueños. En esa locomotora después ya no te das cuenta, es difícil ser consciente de cómo va sucediendo. Yo era juvenil de Atenas y me citaron para la selección mayor. Te ponés a un nivel en el cual tu mente se acostumbra, y después querés más y más. Es un camino de continuas experiencias.

MEGASTARS. Entrevistando a Manu Ginóbili en el ciclo “Lado Oberto”.
MEGASTARS. Entrevistando a Manu Ginóbili en el ciclo “Lado Oberto”.

Noticias: ¿Cómo se maneja el ego?
Oberto: Es lindo que la gente te demuestre cariño y que te recuerde como parte de la “Generación dorada”. Cuando ganamos la medalla de oro con la Selección, yo tenía la muñeca quebrada y me vine una semana a la Argentina. ¡Era todo free! (gratis) Tremendo el cariño. Iba a un restaurante y la gente se paraba para aplaudir. Me subía a un taxi y el tipo me decía “¡¿Qué te voy a cobrar?! ¡Después de la alegría que nos diste!”. Querer pagar y que la gente diga “no”, todo ese reconocimiento es el mayor de los premios. ¿Por qué no me van a cobrar? Esos tipos laburan incluso más que nosotros.

Noticias: Por las complicaciones cardíacas, ¿temió por su vida?
Oberto: En el 2010, en un partido empecé a ver todo más blanco, nublado, y dije “acá hice algo mal”. Pensé en todas las cosas que uno siembra y especula con que no va a cosechar nada. Horas de entrenamiento, llegar a un retiro, estar tranquilo, tener la rutina de entrenamiento, porque no tenemos “domingo libre” como cualquiera. No existen cumpleaños ni aniversarios, no existe nada cuando estas jugando. No hay Navidad ni 31 de diciembre. Te acostumbrás.

Noticias: Si Ginobili es el número uno ¿usted en qué lugar se ubica?
Oberto: ¡Espero estar en el 7!l

Esta es una versión digital adaptada. Para leer la entrevista completa, adquiera online la edición 1920 de la revista NOTICIAS, o encuéntrela en los principales quioscos del país.

Fotos: Enrique Abbate. Producción: Esteban Vedia. Agradecemos a American Hout.

 

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