Teatro / 25 de octubre de 2013

TEATRO

“Las tres hermanas”, de Chéjov con acento cordobés

Versión y dirección de David Picotto de la obra de Antón Chéjov. Con Alicia Visan y elenco. Alquimia, Av. Padre Claret 5033, Córdoba.

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UNA PUESTA ORIGINAL. Elenco cordobés y una pieza destacada en el IX Festival de Teatro Mercosur 2013.

★★★★ El IX Festival Internacional de Teatro Mercosur 2013 fue una nueva ocasión para poder apreciar e intercambiar experiencias entre hacedores de diversas latitudes. Se desarrolló durante diez días, tanto en la ciudad como en la provincia de Córdoba, dividida en nueve corredores teatrales. Congregó la friolera de casi 90.000 espectadores, Incluidos los internos de los complejos carcelarios de Bower, Villa Dolores y San Martín. Además, cada jornada sumó actividades extras como talleres, charlas y, distribuidos en 183 funciones, espectáculos provenientes de 16 países, mas 50 nacionales, imposibles de abarcar.

Sin embargo, entre los logrados y atrayentes espectáculos, se destacó “Las tres hermanas”, versión libre del joven director cordobés David Piccotto de la obra homónima de Antón Chéjov (1860-1904). La conocida trama muestra a las parientes del título, que viven con su hermano Andréi, en una casa rural de la Rusia profunda. Tras un año de la muerte del padre, las muchachas sueñan con comenzar una nueva existencia en Moscú, la gran capital, donde transcurrió la feliz infancia.

Hastiadas del entorno actual, Olga (Analía Juan), es una solterona que ve cómo su juventud se evapora sin poder formalizar el matrimonio que anhela; Masha (Alicia Visan) está casada con un maestro al que considera anodino e Irina (Estefanía Moyano), la más joven, aún cree en la posibilidad de un futuro mejor. La llegada de un regimiento a la aldea alborota la sencilla existencia familiar, en especial las de Masha e Irina, tentadas por fantasías amorosas con el coronel Vershinin y el barón Tuzenbach, respectivamente. Pronto las ilusiones se desvanecen, cuando el destacamento abandona el pueblo, Olga acepta el puesto de directora de la escuela local y, en definitiva, las tres se conformen con su destino campestre.

La originalidad radica en el procedimiento para plasmar la puesta: los cuatro actos se corresponden a otros tantos momentos de la historia cinematográfica mundial. Por empezar, el cine mudo y sus movimientos torpes y acelerados con carteles explicativos, luego la llegada del cine sonoro y parlamentos que resuenan al estilo solemne de los años 40. Continúa con diálogos en diferentes idiomas subtitulados y, finalmente, rinde tributo al musical de los 50, donde las escenas recrean fragmentos de famosas películas. Visto a través de un lienzo transparente que, a manera de pantalla, cubre el escenario, vemos las melancólicas presencias de estos personajes interpretados por un elenco de homogénea solvencia.

Tal vez pueda recriminársele al montaje que la esencia chejoviana es alterada por el ingrediente constante del humor, pero habría que recordar que Chejov pregonaba que sus obras eran comedias. Lo importante es que resulta imposible no admirar una puesta en escena tan imaginativa y que revela un promisorio talento y mucha imaginación.

Por Jorge Luis Montiel (Desde Córdoba)

 

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