Política / 29 de Octubre de 2013

La ficción de matar o morir por el relato

Presentación de “Periodistas en el barro”, el libro maldito del país mediático.

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Nadie los vota. Pero influyen. Nadie los mata en serio, ni mueren de veras. Pero todos los santos días van a la guerra. De a ratos parecen sangrar. O demoler. Pelean. Argumentan. Traicionan. Informan. Sobreactúan. Negocian. Insultan. Los aprietan. La devuelven. Ladran, Sancho, señal de que hay peligro. Por qué no paranoia. Un argumento contrapuesto puede valer el fin de una amistad. Un punto de rating, decir cualquier macana. Bajar un cambio, claudicar. El envase de la noticia se volvió más deseable que la sustancia, por más reveladora, profunda e interesante que pudiera resultar.

Durante la última década, los periodistas han sido (hemos sido) protagonistas excesivos de un tiempo tremendamente mediático, marcado a fuego por un gobierno familiar obsesionado por el control de canales de TV, radios, diarios, revistas y espacios digitales desde donde propalar, con la furia del minuto a minuto, su versión de la historia y de la actualidad. En la dimensión K, trabajar de periodista -si no se comparte la visión oficial de las cosas- llegó a ser comparable al modus vivendi de un asesino a sueldo, cuando no de un vil traidor a la Patria. Del otro lado de la raya, vale tratar a una gestión política surgida tres veces consecutivas de las urnas cual si fuese una dictadura. Casi no queda espacio para la equidistancia. A los tibios no los vomitará Dios, pero eso sí: les llueven puteadas de ambos bandos.  

En el mismo momento en que cerraba esta edición, una de las novedades más esperadas en el planeta periodístico local era la concreción de la compra de la productora Ideas del Sur por parte del empresario kirchnerista Cristóbal López y, en un mismo paso, la firma del nuevo contrato del vendedor, Marcelo Tinelli, con el canal de aire del Grupo Clarín tras un año de meneada ausencia. La movida, en más de un sentido, implicaría el cierre de un círculo. Acaso de una etapa.

Al quedarse con Ideas, y ya consolidado al frente del mini holding que perteneciera a Daniel Hadad, el zar del juego pasará a ser el principal productor de contenidos audiovisuales del país. Con los contratos listos a la espera de ser firmados desde hace un mes –postergación atribuible al deseo de que nada interfiera en la campaña electoral-, el viernes 18, Tinelli inauguró un cine en su Bolívar natal sólo acompañado, desde el ámbito político, por los candidatos del oficialismo.

La parábola cerraría del modo menos ortodoxo. Con Tinelli sin empresa propia, rodeado de kirchneristas como en los viejos tiempos y regresando al multimedios de los enemigos jurados de los mismos kirchneristas, donde brillan Jorge Lanata (ex anti Clarín, flagrante anti K) y Marcelo Longobardi, un capo-radio formado en la escuela de Hadad, a quien Lanata sigue detestando. Como principal ganador del entramado aparecería Don López, quien entre antiguos y nuevos aliados se va quedando sin una sola cosa: quien lo investigue a fondo y con total independencia.

Hadad y Tinelli no llegaron locos de contentos a estas instancias. Un poco para decidirse a dar el paso y otro poco buscando subirse el precio, ambos se hicieron rogar, remolonearon y jugaron a dos puntas, pero las presiones pudieron más. Tinelli hubiese preferido volver a Telefe. Lo bocharon desde la sede central de Telefónica en Madrid. En cuanto al ex dueño de Radio 10 y C5N, CFK en persona llegó a retarlo como si fuera su empleado, a solas en Olivos.

–¿Quién es más hijo de puta? ¿El que dice las cosas o el que permite que se las diga? -lo increpó CFK sin siquiera invitarlo a sentarse, mirándolo por encima de los anteojos.

Escenas duras como la iniciada con ese reto y desopilantes otras, rayanas con el policial negro o la comedia costumbrista, son contadas con lujo de detalles en un libro pronto a aparecer: “Periodistas en el barro”. Me llevó un año de investigación, entrevistas, archivo y escritura, claro que con los pies hundidos en el mismo lodo. En las 16 páginas centrales de esta edición de NOTICIAS hay más que un botón de muestra para apreciar de qué se trata. Fue complicado hacer periodismo en estos años. Muy loco, diría.

Batalla campal. Majul versus Víctor Hugo. Víctor Hugo contra Lanata. Lanata vs. Verbitsky. Verbitsky contra Hadad. Hadad vs. Garfunkel. Garfunkel contra Tinelli. Tinelli vs. Lanata. Lanata contra Rial. Rial vs. Gvirtz… La Argentina emitida y publicada ofició de Luna Park para un todos contra todos al ritmo indiscreto de un reality show estimulado con obsesiva astucia desde la Casa Rosada.

En un baile constante de alianzas, rupturas y saltos de cercos varios por convicción o conveniencia, la fractura entre lo K y lo anti K fue la moda cultural de estos años. O una nueva ronda del “embrutecimiento nacional”, al decir del filósofo Tomás Abraham. Así, pasó a importar menos lo que es que quién lo dice, achicando la información a una cuestión de fe. De fanatismo.

Diferencias entre medios y periodistas hubo siempre. Se trata de una industria donde manda la competitividad y la generación de audiencias cada día más duras de captar está siempre a un tris de mutar estilos y talentos en divismos. Los Kirchner, tomando como guía las estrategias del peronismo original en la materia, entendieron el fenómeno y dedicaron enormes presupuestos a torcerlo en favor de su propio “divide y reinarás”. El fin de su enroscado amorío con Clarín liberó fuerzas y odios que, alineados a favor o en contra de los medios, tendieron a igualar contendientes de falsa equivalencia.

La imaginaria y provechosa grieta dividió aguas incluso en la intimidad de los principales conglomerados mediáticos. El hasta ahora nunca reconstruido divorcio Bonelli-Sylvestre –dupla emblema del periodismo político en la época de mayor sequía audiovisual para el género- selló puertas adentro del holding dirigido por Héctor Magnetto, entre Desconfianzas y desplantes, un viraje consumado al extremo con la contratación de Lanata, quien había jurado nunca trabajar allí, y la suma del Hadad Boy Longobardi a las mañanas de Radio Mitre.

Tragar sapos integra el menú de combate. Lo mismo que igualar aquello que, en tiempos normales, sería inigualable. En los entretelones de la sorprendente disputa pública entre el mismo Lanata y Jorge Rial, mandamás del periodismo chismoso y reciente entrevistador estrella de la Presidenta, puede verse hasta dónde llega la disputa política y hasta dónde la desesperación por los guarismos de la medidora Ibope.

El piso de Radio Continental, del Grupo Prisa, también se agrietó. Con Magdalena antes y Fernando Bravo después, la mañana de Víctor Hugo Morales quedó en el centro de un ambiente signado por las broncas entre personas que tal vez jamás vuelvan a saludarse.
Resultó complicadísimo no embarrarse hasta el caracú en estos años. Verbitsky, en medio de una fiesta donde se lo estaba homenajeando, llamó “carroñeros” a quienes hacemos esta revista por querer tomarle una foto junto a la ensayista Beatriz Sarlo. Víctor Hugo me llamó “mentiroso” y “marmota” durante semanas por escribir la nota “El relator del relato”, mientras incluía a NOTICIAS como factor de una “campaña de desprestigio encabezada por Clarín”. Lanata nos dijo “tramposos” e “hijos de puta” por poner en tapa a su esposa (y acaba de llamarnos “cerdos” por la producción de fotos a la agente de tránsito Belén Mosquera -la del “correctivo” de Juan Cabandié- en la edición anterior).

Hay un público demasiado habituado a pensar desde el vamos que el periodismo, cuando no “escracha”, directamente “mata”. Lo novedoso ha sido que los mismos periodistas desvirtuaran su propio lugar en el mundo denunciando semejante carga de intencionalidad maligna.

El mito y la diva. Aunque pueda prometer otra cosa, “Periodistas en el barro” es una reivindicación del periodismo y de los periodistas. Crítica, irónica, grave de a ratos y sin despreciar el chisme apropiado en el momento preciso, pero reivindicación al fin.
Escribirlo representó un desafío múltiple: ser preciso con los hechos, leal con los protagonistas y respetuoso de la inteligencia de los eventuales lectores peleando contra las simplificaciones maniqueístas del blanco o negro. También fiel a mí mismo, contando detalles de mi propia vida y trayectoria, aunque sin sacudirme el barro para esconderlo bajo la alfombra y quedar como un duque.

En el trasfondo de las peleas, los aprietes, las traiciones, los negocios, las miserias y grandezas desmenuzadas aparecen los verdaderos autores de esta historia. Néstor Kirchner, primero vivo y después muerto, convertido deliberadamente por la maquinaria oficial en un mito. Y desde luego Cristina, entrenada por los mismos hacedores palaciegos para descollar como única diva de la tele surgida al calor de estos tiempos.
Digo en el libro que el mito Kirchner fue maquetado por el propio Kirchner, reelaborado por sus herederos, masificado por los medios K, intelectualizado por académicos y hasta llevado al cine con el multimillonario financiamiento estatal del INCAA. Dice el gran Roland Barthes, desmitificando a los fabricantes de mitos: “El mito es un habla despolitizada, (…) suprime la dialéctica, organiza un mundo sin contradicciones puesto que no tiene profundidad. Un mundo desplegado en la evidencia funda una claridad feliz: las cosas parecen significar por sí mismas”.

Ese mito dibujó en gran medida el sentido de una década. Nos dibujó como mansos guerreros de la nada.

CASOS

Caso Verbitsky. La trastienda de sus diferencias históricas con Lanata; los ácidos contrapuntos con el “periodismo no militante”, y los primeros cruces en la interna K. Nervios en lo más alto de la Corte Suprema por una inquietante funcionaria.

Caso Gvirtz. Las confesiones sobre cómo el creador de “678” moldeó su personalidad obsesiva, puesta al servicio de la comunicación del relato kirchnerista desde la TV Pública y el Canal 9. Los secretos sobre el circuito informativo K.

Caso Majul. Su pelea con el uruguayo Víctor Hugo Morales se convirtió en un clásico. Cómo llegó de litigar en Tribunales con Lanata a ser su biógrafo, para lanzar un nuevo sello editorial. Los traumas y desafíos de un periodista polémico y best-seller.

Caso Bonelli-Sylvestre. Entretelones inéditos del “divorcio” de quienes, desde “A dos voces”, monopolizaron el periodismo político hasta la ruptura del Gobierno con el Grupo Clarín. El clima de peleas y sospechas en el holding que terminó en el adiós definitivo de Sylvestre a Canal 13-TN.

Caso Tinelli. El año que estuvo fuera de la TV, en detalle. Las presiones oficiales y conflictos varios que desembocan en la venta de su productora, Ideas del Sur, al empresario kirchnerista Cristóbal López. Las intrigas de su regreso a la pantalla en el 2014.

Caso Victor Hugo Morales. Lo que nadie contó del viraje político del conductor de “La mañana”: el denso contexto interno en Radio Continental. La pésima convivencia con Magdalena Ruiz Guiñazú y Fernando Bravo. El trofeo de ser acusado por Magnetto.

“Periodistas en el barro” en el programa de Lanata.

El autor es JEFE DE REDACCIÓN de NOTICIAS.

 

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