Libros / 1 de Noviembre de 2013

Libros

“Escritos sobre punk”, en la trastienda de la trastienda

de Greil Marcus. Paidós, 593 págs. $ 199.

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★★★ El crítico cultural y de rock estadounidense Greil Marcus tiene un libro insignia: “Rastros de carmín”, subtitulado “Una historia secreta del siglo XX”, que trazaba paralelos sorprendentes entre corrientes del siglo XX (como Dadá, y el punk de Johnny Rotten) y raíces que venían hasta de la Edad Media. En otro libro clave desmenuzaba al extremo el tema “Like a Rolling Stone” de Bob Dylan. Habría que agregar “Mistery Train”, editado en España y que circuló poco en la Argentina.

Paidós editó en su momento “El basurero de la historia”, una jugosa, dinámica y despareja recopilación de ensayos, con algunas gemas sobre Bob Dylan como historiador, Robert Johnson y la mucho menos conocida Deborah Chessler. La extensión (casi 600 páginas), el título, y sobre todo el subtítulo (“En el baño del fascismo”) hacían esperar ahora otro libro inevitable sobre sus temas favoritos.

Las virtudes del autor están intactas: un estilo claro, explicativo y de pronto explosivo; una masa de datos cruzados con originalidad; la presentación clara y opinada de temas políticos y éticos. Sin embargo, tomado como libro, es menos rendidor que “El basurero de la historia”. Como lo aclara la tapa, se trata de “El lado B de ‘Rastros de carmín’”. Quienes sean adictos totales a ese libro y sus temas están de parabienes: recopila docenas de notas periodísticas, la materia prima que alimentó su título clásico.

Pero en abrumadora mayoría son críticas sobre discos, o testimonios de recitales, para revistas como “Rolling Stone”, “Village Voice” o “Art Forum”. Por desgracia la “crítica de rock” ha desarrollado un formato fijo, previsible: un estilo para alabar o denostar, con incontables datos “in” sobre corrientes o grupos. La repetición del formato se vuelve poco digerible para quien no es lector consecuente de ese tipo de prensa. Conviene tener fresco “Rastros de carmín” para seguir las idas y venidas de grupos o personalidades.
Si “El basurero de la historia” era un aporte de peso, y podía hablarse de la trastienda de sus libros mayores, acá se trata más bien de “la trastienda de la trastienda”. Un cuarto menos iluminado, más repetitivo, que despierta el hambre en el adicto, pero deja un poco alejado o aturdido por saturación al lector general.

 

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