Personajes / 1 de noviembre de 2013

Sebastián Armenault: “Decidí dar vuelta y cumplir mi sueño”

Ex ejecutivo, es maratonista y por cada kilómetro corrido recibe donaciones con fines solidarios. Fotos.

Superación. Da charlas en colegios y empresas. No es un atleta, pero entrena cuatro veces por semana y va a un gimnasio.

Sebastián Armenault se nutre de obstáculos y desafíos. Corre por el mundo en los terrenos más difíciles. No para llegar primero, ni por la medalla ni por el premio, ni siquiera le importa clasificarse siempre en los últimos puestos. Corre para superarse a sí mismo y con un fin solidario. Lleva más de 2.500 km como maratonista y por cada km recorrido, las empresas que apoyan su proyecto hacen donaciones a colegios, comedores, geriátricos y hospitales.

No es un atleta ni un deportista de elite. Sin embargo, se animó a transitar los 170 km del desierto de Emiratos de Omán, los 190 del Himalaya-India y Nepal, los 200 de Nueva Zelanda, los 250 del Sahara (Maratón de Sables), los 330 de Transalpina 4 países y los 250 km del desierto de Gobi, en China. Fue el primer argentino en correr los 50 km del Polo Sur y el primer sudamericano en hacer por lo menos un maratón en los siete continentes. Eso lo convirtió en uno de los 60 integrantes en el mundo del selecto Club 7 Continentes. Hace poco corrió su primer maratón en la selva.

Noticias: ¿Cómo le fue en el Amazonas?
Sebastián Armenault: Una aventura única, muy dura. Fueron 257 km en seis etapas, durante siete días. Sierras, ríos, pantanos, playas, 40 grados y ciento por ciento de humedad. Más los riesgos de contraer enfermedades por el agua, los mosquitos, los bichos. Hay víboras, avispas, arañas, hormigas, pumas, jaguares, ocelotes. Tuve que dormir colgado en una hamaca paraguaya, darme doce vacunas antes de viajar y llevar remedios para la fiebre amarilla, dengue, malaria y elementos para curar ampollas, posibles torceduras, cortes.

Armenault se crió en Olivos, en una familia de clase media, su padre era empleado de Ford y su madre, maestra. Los cuatro hermanos jugaron al rugby en el Club Banco Nación. Los tres menores lo hicieron en primera, en la Selección y en el exterior. Él siempre fue un “patadura”, pero igual jugó durante 22 años. Lo paradójico es que jamás le gustó correr en los entrenamientos. “Me parecía aburridísimo, siempre me escapaba. Hace seis años un amigo me invitó a correr por Palermo, hice una vuelta al lago y casi me muero. Sin embargo, me sentí feliz, había superado un límite. Entonces, decidí seguir corriendo y me fui animando cada vez a más”. Durante más de dos décadas fue empleado y terminó como gerente comercial en una compañía de telecomunicaciones. Hace tres años decidió romper con todo. “Superarse es ganar”, es su lema. También dice que es una “persona común y corriente”, que lleva “una vida normal”.

Noticias: Para la mayoría, ganar implica llegar primero, ser exitoso, tener dinero, poder. ¿Cómo llega su mensaje en una sociedad con estos valores?
Armenault: En esta sociedad exitista confundimos el superarse con superar a otros. Pero hay muchas formas de ganar. En los 250 km del Sahara, largamos 1.000 competidores de 54 países y yo terminé en el puesto 793. A los primeros 600 no los alcanzaba ni con una moto, la diferencia era abismal. Además, faltando 7 km se me rompió la zapatilla izquierda y recorrí esa distancia en media. Después tuvieron que operarme el pie. Pero junté más de 50.000 dólares en donaciones, mientras el ganador obtuvo 5.000 dólares en premios.

Noticias: ¿Por qué es abismal la diferencia con los atletas de elite?
Armenault:. Yo entreno cuatro veces a la semana una hora y media y también voy al gimnasio. Es el mismo tiempo que le dedicaba al entrenamiento en mis primeros maratones, cuando era empleado. Hoy podría entrenar como un profesional y hasta cambiar mi cuerpo de rugbier, pero quiero seguir siendo una persona común. Si digo que se pueden hacer realidad los sueños, pero para lograrlo hay que dedicarle tiempo completo o hacer grandes cambios, muy pocos estarían dispuestos. No soy un atleta, no tengo la preparación ni la experiencia de ellos. No tengo entrenadores, solo dos amigos que me arman una rutina y yo hago lo que puedo. Tampoco, indumentaria o equipos de elite. En el Polo Sur me puse papel de diario en el pecho para combatir el frío, como hacía mi abuelo, con mucho orgullo, delante del resto de los competidores, que tenían hasta camperas con calefacción. Hacía 32º bajo cero. Fue mi carrera más difícil.

Noticias: ¿Usted podría tener esos equipos?
Armenault: No podría comprarlos y mis auspiciantes tampoco lo harían. A las empresas les encanta mi proyecto, pero cuando se enteran de que salgo penúltimo, me dicen que lo van a analizar. Igual, sigo golpeando puertas porque eso también ayuda a superarse. Por suerte, hoy cuento con el apoyo de Weber, Puma, Direct TV, Omint, Gatorade, Mormaii, New Point Miami y 3 Arroyos para lo solidario y, además, tengo un acuerdo que me permite vivir. Este año capacité gente de Puma y también doy charlas en colegios, empresas y otros lugares. Pero todos los costos de las carreras los financio yo. Para el Amazonas tuve que comprar una hamaca paraguaya especial que me costó 400 dólares.

Noticias: ¿Por qué decidió sumar lo solidario a los maratones?
Armenault: Me viene de familia, siempre hemos donado mucho, especialmente al geriátrico de Vicente López, y hace tiempo con mis hijas armé “Colaboradores Anónimos”. Todos los meses, durante diez años, llevábamos cosas a diez familias del Delta.

Noticias: ¿Cuánto lleva donado hasta el momento?
Armenault: Hasta ahora donamos 3 respiradores artificiales, 3 electrocardiógrafos, 3 desfibriladores, equipamiento para sala de lactancia y para sala de hipoacúsicos, 500 pares de zapatillas, 7.500 kilos de revestimiento, 2.500 de cemento, 5.000 barritas de cereales, 500 kits escolares, 500 pares de lentes recetados, 250 litros de alcohol en gel, 600 libros, 260 cuadernos, 600 litros de agua mineral, 1.500 kilos de pan, 400 de galletitas, 500 de cereales y 750 remeras.

Noticias: ¿Por qué decidió dejar la vida corporativa, donde le iba bien, y lanzarse al vacío?
Armenault: Yo buscaba un cambio hacía mucho, una alternativa de vida, quería hacer mi propio camino. Finalmente, decidí dar vuelta todo y cumplir mi sueño.

Noticias: Seguramente, mucha gente quisiera imitarlo. ¿Qué se necesita para dar vuelta la vida?
Armenault: Tener confianza en uno mismo, ubicar el sueño y buscar la manera para poder vivir de eso. Yo me siento orgulloso. Manejo mis tiempos, no dependo de otros, sigo ligado al deporte, viajo, llevo la bandera nacional.

Noticias: Dice que no compite para ganar, ni para una medalla ni para la foto. ¿No le interesa nada de eso?
Armenault: No, cuando termina la carrera no sé cómo salí ni cuánto tardé. Sólo me importa hacerla en el tiempo estipulado. Yo gano cuando cruzo la línea con la bandera argentina, con mi mensaje de superación y habiendo multiplicado las donaciones por lo máximo que podía.

Noticias: ¿Tiene cábalas?
Armenault: Las cartas que me escriben mis hijas antes de cada carrera. Las llevo conmigo y me duermo leyéndolas, son mi arrorró, las siento cerca y ahí me sobran fuerzas. Justina (15) y Felicitas (18) son el motor de mi vida, viven conmigo la mayor parte de la semana, somos muy unidos.

Armenault es fanático de la pizza y la Coca. “Hasta me llevé una pizza al Polo Sur y le pedí a la cocinera que me la tuviera preparada con queso chorreando para cuando terminara, y puse una Coca en el hielo. Ese fue mi festejo, como en todas las carreras”. En su mochila suele llevar comida deshidratada, brújula, bisturí, vendas, bolsa de dormir, aislante, ropa. Solo le proveen el agua. Corre con música tranquila –Laura Pausini, Celine Dion o Phill Collins– a la mañana y tarde, y electrónica al mediodía. Uno de los momentos más emotivos es cuando le pasan los mails de apoyo de su gente. La noche previa a la carrera siempre es la más difícil. Aparecen los miedos, la incertidumbre y la ansiedad.

Noticias: ¿Cómo hace para seguir cuando el cuerpo no da más?
Armenault: Es la cabeza la que marca eso. Hay que jugar con ella y sacarla del pozo. La mayoría de los abandonos son por caídas mentales. Previo a cada carrera, me hago un machete mental de situaciones felices y, cuando siento que no puedo más, recurro a eso. Automáticamente saco de mi cabeza el dolor, el cansancio, la sed, el calor.

Noticias: Después de tanta experiencia extrema, ¿cómo hace para no aburrirse cuando regresa a su vida cotidiana?
Armenault: Al terminar un maratón las sensaciones son muy fuertes. Es un viaje profundo a mi interior, superar mis límites, haber hecho todo por un objetivo. Me quedo una semana a un metro del piso. Es como haberme ido a un retiro espiritual. Pero cuando junto las donaciones y las entrego, vuelvo a sentir la adrenalina. Ahí termina mi carrera y ese es mi premio. Es lo que me da fuerzas para el próximo maratón. Cuanto más largo, mejor. Más donaciones. Con trabajo, esfuerzo, pasión y humildad no hay sueño que sea inalcanzable.

Las anécdotas son muchas, algunas muy emotivas. Experiencias que calaron hondo. Como cuando le prometió a un hombre que no conocía que, si su hijo de 7 años se curaba de leucemia, lo acompañaría corriendo desde Mar del Plata hasta Miramar ida y vuelta. Y cumplió. “Cuando llegamos, el hijo lo estaba esperando con la remera de Superman”. Lo mismo hizo con otro padre desconocido en Nueva Zelanda. También recuerda los 170 km de Omán, cuando la noche previa le perdieron el bolso y tuvo que correr prácticamente con lo puesto.

“En un momento paré porque no daba más, estaba solo en el medio del desierto, había perdido ocho uñas, estaba mal dormido, el agua estaba caliente. Me faltaba la mitad del recorrido y ahí sentí que debía seguir, que estaba haciendo lo que quería y que tenía que encontrarle la vuelta para hacer de eso mi forma de vida. Terminé la carrera, volví a Buenos Aires y avisé en la empresa que a los tres meses me iba. Me tiré de un paracaídas sin ningún respaldo, porque yo vivía al día y lo sigo haciendo. Ni siquiera tengo casa propia”. Y no se olvida de Seba, el chico de ocho años que conoció en el Himalaya, que lo acompañó dos kilómetros y lo ayudó a encontrar el camino en medio de la noche. Su amigo desde entonces, y con el que habla por teléfono hasta el día de hoy.

El 16 de noviembre lo espera un nuevo desafío. Correrá la Untertage-Sparkassen-Marathon, a 850 metros bajo tierra, en una mina de Alemania. Mientras, escribe un libro con sus vivencias y le va dando forma a su Fundación, “Un kilómetro, Una sonrisa”.

Fotos: Octavio Mancini y gentileza Sebastián Armenault. Producción: Patricia Mogni.
Agradecemos al Comedor infantil Jardín de Dios, de José C. Paz.

 

6 comentarios de “Sebastián Armenault: “Decidí dar vuelta y cumplir mi sueño””

  1. Grande Sebastián, muy contento que se publiquen todos tus logros, sos una gran persona y compañero de trabajo. Espero que muchos sigan tu camino. Abrazo grande.

  2. Sebas Armenault, lo tuyo no deja de producirme sentimientos encontrados. Admiro todo lo que generás en donaciones, pero me pregunto si es necesario que mientas tanto para lograrlo. Me hacés acordar al personaje de Andy García en la película “Héroe Accidental”. Sabés que una buena parte de las carreras que nombrás no llegaste a completarlas. Lo del Club 7 Continentes es el colmo: no figurás en la lista y no son 60 los miembros, sino 400.

    1. Roberto, publicá tu nombre completo como corresponde. Tus palabras son una canallada y desde el anonimato te sentirás impune para decir cualquier pavada. Impune pero también cobarde. Lo de Sebastián es un ejemplo a seguir.

  3. Yo conozco tu historia Sebas,mi querido amigo,pero verla plasmada en una revista tan importante como en otras oportunidades me renueva tus vivencias.Que decir…soy afortunada de tenerte cerca y en todo lo que pueda colaborar:PRESENTE de corazon y con el alma!!!

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