Televisión / 28 de Noviembre de 2013

Televisión

“Taxxi”, Un guiño para doblar a todos lados

Telenovela. Lunes a viernes a las 16, por Telefe. Con: Gabriel Corrado, Catherine Fulop, Jorge Marrale, Nicolás Riera y Rocío Igarzábal. Dir.: D. Palacio, V. Guadarrama y J. Laplace.

Por

★★★ Todo galán merece su taxi. En especial, si se crió mirando y admirando a “Rolando Rivas”; todavía más si se trata de un conocedor a fondo del paño; y mucho más si es el productor (junto a Endemol y Azteka Films) y puede impulsar el proyecto. Él es Gabriel Corrado, nuestro –permítanme este antojo– Mel Gibson, con todas las de la ley para encabezar la tira de la tarde, la que hacía rato no veíamos a nivel local y que solo Canal 9 y sus calenturientos enlatados latinoamericanos ofrece de a racimos.

Quién mejor entonces que el actor de “La extraña dama” y “Perla negra” para poner las cosas en su lugar a la hora de la siesta. A tal punto, que se dio el gusto con creces. Porque en “Taxxi. Amores cruzados” no se olvidaron recetas: hay melodrama y hay thriller, romance, tragedia y suspenso, para distintas edades y elecciones sexuales (salvo el dilema pobre-rico que monopoliza Quique Estevanez). En ese intento polirrubro, tal vez la tira exagere el gesto con demasiados guiños.

Antes de tachero, viudo y melancólico, Martín Montana era médico y muy dichoso. Trabajaba en una clínica (muy deficitaria, porque solo van los protagonistas) donde hoy practica su hijo Diego (Nicolás Riera) y dirige un viejo amigo (Jorge D´Elía). Yira que te yira a través de la ciudad, conoce a una chica muy parecida a su ex, Tania (Rocío Igarzábal, la revelación más linda de la tele) y a partir de allí, queda envuelto en una red de venganzas comandada por el villanísimo Moretti, interpretado por un especialista en maldad (Jorge Marrale) quien ya había participado con Corrado en “Máximo corazón” (2002), donde también componía a un señor bastante complicado; y donde el protagonista era viudo y terminaba con la mujer trasplantada con el órgano de su fallecida esposa.

El otro amor cruzado es el de Lucía (Catherine Fulop), interpretado por otra ex reina de la tarde que bien merece una nueva chance para revalidar títulos en este país. Mujer sola, publicitaria y madre, se entrelaza con Diego que, a su vez, mantiene una relación con la hija de Lucía, Ema (Micaela Vázquez, igual que en “Dulce amor” empecinada con Riera). Las pasiones vienen por ahora con veintipico de años de diferencia, en ambas parejas principales, y con enfrentamientos entre padres, hijos y hasta una cuñada, Helena (Maite Zumelzú), hermana de la difunta, y enamorada de Martín.

En la clínica, en el taxi, en “Barcelona” –el único bar a mano que tienen estos personajes, atendido por Nicolás, un cancherísimo amigo de Diego (no importa lo pequeño del papel para Tomás Fonzi)–, los cruces seguirán entre estas bienvenidas figuras mucho más interesantes que sus personajes. Los espectadores ya imaginamos casi todo. Solo queremos observar cómo los protagonistas se enteran de los rollos. Ojalá que ese viaje, igual que a los buenos taxis, no les lleve demasiado tiempo.

 

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